En los últimos días, una idea se ha repetido con fuerza en redes y foros de tecnología: la caída bursátil de Broadcom no sería solo una cuestión de expectativas sobre Inteligencia Artificial, sino el síntoma de un problema más profundo provocado por cómo la compañía está gestionando VMware tras la compra.
El argumento ha cobrado tracción a raíz de un documento de análisis muy compartido en círculos IT —fechado el 14 de diciembre de 2025— que describe el episodio como una “señal” del mercado frente a una estrategia “hostil” hacia clientes y partners de VMware, con especial foco en el giro hacia suscripciones, cambios en canal y requisitos de licenciamiento que habrían disparado costes en algunos casos.
La caída en Bolsa: lo que sí puede afirmarse con datos
Conviene separar el ruido de los hechos verificables. En el mercado, Broadcom ($AVGO) registraba un retroceso notable en la sesión (en torno al 5–6% en el momento de las cotizaciones recogidas por servicios financieros y cobertura económica), en un movimiento que encaja con la lectura clásica post-resultados: ajustes de expectativas, toma de beneficios y sensibilidad extrema a cualquier señal de desaceleración futura.
Además, medios económicos han vinculado la reacción a la combinación de resultados y, sobre todo, a la guía (guidance) y a cómo el mercado interpreta el ritmo de crecimiento —incluyendo el componente de IA— en los próximos trimestres. Dicho de forma sencilla: cuando un gigante vale lo que vale, “cumplir” no siempre basta; lo que manda es si convence el relato del futuro.
El “factor VMware”: por qué el malestar importa, aunque no explique todo
Dicho esto, el documento viral no inventa el contexto: VMware se ha convertido en una pieza emocionalmente sensible para miles de equipos de sistemas. No es solo un producto; es una capa base de operación en centros de datos de medio mundo. Y cualquier cambio brusco en licencias, soporte o canal puede traducirse en decisiones de migración, cambios de proveedor y, a medio plazo, erosión de confianza.
El texto compartido sostiene que Broadcom ha forzado el paso a un modelo de suscripción por core, ha endurecido condiciones y ha tensado su ecosistema comercial. Menciona incluso incrementos “de hasta el 1.500%” reportados en algunos casos, además de un mínimo de 16 cores por CPU y un “ataque al canal” por la reordenación de partners.
Aquí hay un matiz clave para un medio serio: esas cifras extremas (como el 1.500%) aparecen como reclamaciones o testimonios en el debate público, no como un dato oficial estandarizado aplicable a todos los clientes. La realidad suele ser más heterogénea: hay organizaciones con subidas moderadas, otras con saltos muy altos por cambios de paquete/edición, mínimos de compra o fin de descuentos; y también casos que se vuelven explosivos por cómo estaba estructurado el contrato previo.
Lo relevante para el mercado no es si el número exacto fue 600%, 900% o 1.500% en un caso concreto. Lo relevante es que el sentimiento de “me han cambiado las reglas” ha empujado a muchas empresas a explorar alternativas.
Qué cambios sí están en el centro de la controversia
Sin entrar en adjetivos, hay varios movimientos que explican por qué la conversación no se apaga:
- Simplificación del porfolio y enfoque a suscripción: VMware, ya bajo Broadcom, ha comunicado públicamente una estrategia de go-to-market y de productos más concentrada, con un modelo comercial que prioriza paquetes/ediciones y suscripción, y que reduce la complejidad anterior (lo que, para parte del mercado, se lee como “menos opciones y menos elasticidad”).
- Reordenación del canal: partners y resellers han descrito una etapa de transición dura, con cambios de programa, criterios y relación comercial. En la práctica, esto altera quién vende, quién implementa y quién da soporte de primer nivel, algo crítico en entornos enterprise.
- Nuevos mínimos y condiciones: diferentes coberturas han señalado endurecimientos (por ejemplo, mínimos de compra o cambios por core) que penalizan especialmente a organizaciones pequeñas/medianas con infra muy fragmentada o con densidades bajas por host.
- Efecto migración: cuando el coste y la incertidumbre suben a la vez, muchas compañías abren un “plan B”: renovar la virtualización, revisar Hyper-V/KVM, o mirar stacks como Proxmox, OpenStack o soluciones HCI alternativas, aunque sea por presión negociadora.
En otras palabras: incluso si la caída de la acción se explica en el corto plazo por expectativas de negocio y narrativa de IA, VMware introduce un riesgo reputacional y comercial que el mercado sí puede descontar como “lastre” si cree que empujará a clientes a reconsiderar su stack.
El impacto real en el sector: de la queja a la re-virtualización
Para los administradores de sistemas, el punto caliente no es el debate bursátil, sino el operativo: renovar licencias, justificar el TCO ante compras, planificar continuidad y evitar que una decisión comercial externa marque su hoja de ruta técnica.
Y ahí está el cambio cultural: durante años, VMware era sinónimo de “estándar de facto”. En 2025, el sector habla más abiertamente de re-virtualización como proyecto estratégico: inventariar cargas, medir dependencia de features propietarias, diseñar pilotos, y preparar migraciones graduales con rollback. No porque sea divertido, sino porque el riesgo percibido de quedar “atrapado” ha aumentado.
Conclusión: el mercado premia la previsibilidad, castiga la fricción
El documento viral acierta en un punto: el mercado suele castigar la fricción cuando amenaza el crecimiento futuro. Pero conviene afinar el titular: no es que “Wall Street haya votado” contra VMware de un día para otro; es que el relato de Broadcom combina dos elementos que, juntos, inquietan a inversores y a clientes: expectativas altas y controversia sostenida en una plataforma crítica.
Si Broadcom logra convertir VMware en una máquina de ingresos más predecible sin alimentar una ola de fugas, el mercado lo premiará. Si la conversación de “coste imprevisible + partner roto + cliente enfadado” sigue creciendo, la penalización puede volver cada trimestre… aunque el Excel salga bien.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa que VMware pase a un modelo de suscripción por core?
Implica que el coste se calcula en función de núcleos/licencias y del periodo de suscripción, en lugar de licencias perpetuas tradicionales. Para muchas empresas, el impacto depende del contrato previo, descuentos, y de si entran en mínimos por CPU o por paquete.
¿Por qué se habla de migraciones desde VMware a alternativas como Proxmox o KVM?
Porque algunas organizaciones buscan reducir dependencia de un único proveedor y evitar cambios bruscos de licencias. En muchos casos se empieza con pilotos: cargas no críticas, VDI de laboratorio o entornos de dev/test, antes de plantear producción.
¿Qué riesgos tiene una “re-virtualización” completa en un CPD?
Los principales riesgos están en compatibilidades (drivers, integraciones con backup, redes, almacenamiento), dependencias de funcionalidades avanzadas (HA, DRS, vSAN equivalentes), y en el rediseño de procesos operativos (monitorización, parcheo, disaster recovery).
¿Hay forma de estimar si un cambio de licencias saldrá más caro antes de renovar?
Sí: inventario de sockets/cores, consumo real, contratos actuales, y simulación de escenarios (3 años / 5 años) con costes de soporte, backup, almacenamiento y horas de migración. Es clave incluir costes ocultos (formación, pruebas, ventanas de mantenimiento).








