Con el argumento de que el dólar cambia su valor tan constantemente que al mediano plazo les costará pérdidas, las casas de cambio de la ciudad holandesa instan a los turistas a vender sus dólares y convertirlos en moneda local.

Con la divisa norteamericana estancada en su valor histórico más bajo frente al euro (1,58 antes el 1,47 que valía hace un mes), las pequeñas casas de cambio no quieren acumular remesas que les signifiquen pérdidas si la tendencia a la baja y las barbaridades que  Greenspan suelta como ametralladora continúan, y llegan a verse obligados a vender las divisas a un precio inferior al que pagaron por ella, incluso considerando la notable comisión que les genera el cambio.

 
La reacción es a todas luces histérica: según la nota, reproducida como virus por todos los sitios sobre economía de la red, bastaba con que los turistas fueran al centro de Ámsterdam para realizar el cambio.

Pero no se puede pasar por alto esta curiosidad producto de la dramática depreciación del dólar, que desde noviembre del año pasado no levanta cabeza frente a la divisa de la Comunidad Europea. Casi una escena de ciencia ficción: “No queremos sus dólares”.

 
¿O es que los holandeses saben algo que nosotros no?