Impulsados por la debilidad de las economías tradicionales y del dólar, y por la fortaleza de las economías emergentes (especialmente por la fortaleza de las productoras de oro negro), el metal dorado y el petróleo demuestran una fortaleza imbatible, y llegan a niveles inéditos en su cotización (el oro ya triplica su valor del 2003) envueltos en una curiosa alianza: el alto precio de los combustibles permite que el oro aumente su valor.


¿Cómo se puede aprovechar esta escalada alcista?
El oro es un problema para el inversor, pues si se compra, hay gastos asociados (almacenaje y custodia, sobre todo) que no hacen sino volver menos atractiva y rentable a la inversión.
Lo que conviene, si se quiere invertir en oro, es poner el dinero en fondos de renta variable referenciados a compañías extractores y mineras. Fondos como Goldsphere que añaden al valor del oro los dividendos de la cotización de estas empresas, siempre por encima del valor del oro y de la inflación.

Estos fondos, además, pueden subir cuando el oro se mantenga. O se desplome con una posible burbuja.
La rentabilidad del fondo Goldsphere a un año es del 17,31.

También te puede interesar:
El diésel alcanza mínimos que no veíamos desde 2012