Un estudio reciente realizado por la consultora internacional Systemiq, en colaboración con el think tank The Good Food Institute Europe, ha revelado el notable potencial que tienen las proteínas alternativas para dinamizar la economía española y europea. Según el informe titulado «Aprovechar la Oportunidad Económica de las Proteínas Alternativas en Europa», España podría posicionarse como un actor preeminente en este sector emergente, impulsada por su sólido sector agroalimentario, un floreciente ecosistema biotecnológico y capacidades industriales avanzadas.
El análisis sugiere que, con políticas adecuadas, las proteínas alternativas podrían inyectar hasta 10.000 millones de euros anuales en la economía española para 2040, a la vez que crearían alrededor de 34.000 empleos de alta calidad en áreas como la investigación y el desarrollo, la biotecnología, ingeniería y logística. Más allá de la industria alimentaria, este impulso económico se reflejaría también en el desarrollo de sectores relacionados con la producción de equipamiento especializado y servicios técnicos.
Asimismo, el informe estima que el mercado nacional de productos de proteínas alternativas podría ascender a 6.700 millones de euros, superando incluso al actual mercado del café en España. Teniendo en cuenta toda la cadena de valor, el impacto económico total podría llegar a 9.000 millones de euros, con exportaciones potenciales de hasta 3.000 millones de euros en productos e ingredientes, consolidando así a España como un centro manufacturero clave en el sur de Europa.
Rupert Simons, socio de Systemiq, destaca que gracias a sus capacidades agrícolas y su firme base industrial, España está en una posición privilegiada para desarrollar un sector sólido de proteínas alternativas. El estudio subraya la importancia de realizar inversiones a largo plazo en investigación, infraestructuras y políticas de apoyo para aprovechar esta oportunidad.
El florecimiento de este sector no solo impulsaría la economía, sino que también brindaría nuevas oportunidades a los agricultores. La creciente demanda de productos de origen vegetal y procesos de fermentación podría diversificar la producción agrícola, creando un mercado más sostenible y rentable. Este cambio no solo aliviaría la presión sobre los recursos naturales en un contexto de creciente desafío climático, sino que también contribuiría a una industria agrícola más autosuficiente.
Por último, el análisis recomienda un incremento en inversiones públicas en investigación y desarrollo, la adaptación de infraestructuras industriales a nuevas tecnologías y el apoyo a los agricultores en su transición hacia cultivos de mayor valor añadido. Carlos Campillos Martínez, Senior Regional Manager de GFI Europe para España y Portugal, expone que España tiene una oportunidad única de conectar la innovación, la agricultura y la industria, posicionándose como un referente en el ámbito de las proteínas alternativas en el sur de Europa.









