La Economía Social en la Comunidad de Madrid se consolida como un verdadero motor de desarrollo, mostrando un potencial significativo de crecimiento y contribución al bienestar social. En la actualidad, alrededor de 2.300 empresas de economía social están activas en la región, generando aproximadamente 300.000 empleos y atendiendo a un total de 1,5 millones de personas. Este modelo económico, que incluye cooperativas, sociedades laborales y empresas de inserción, ha demostrado ser un pilar fundamental en la estructura laboral y social de la comunidad, según los últimos datos proporcionados por la Confederación Empresarial Española de la Economía Social (CEPES).
A nivel nacional, el sector de la Economía Social cuenta con 70.010 entidades que vinculan a más de 20 millones de personas, y registra una facturación impresionante de 72.683,5 millones de euros. En Madrid, aunque las cifras son robustas, la presencia de grandes empresas y multinacionales muchas veces eclipsa la visibilidad de la economía social, relegándola a una posición menos prominente en el panorama empresarial regional.
La Federación de Cooperativas de Madrid (FECOMA) subraya el vital rol que desempeña este sector en la estabilidad laboral y el fortalecimiento del arraigo territorial, especialmente notable en tiempos de crisis económicas, donde demuestra su capacidad de recuperación. Este sector diversificado también responde eficientemente a demandas actuales en materia de sostenibilidad, economía circular e igualdad de género, posicionándose como un influyente actor dentro del ecosistema económico madrileño.
No obstante, el desafío de la visibilidad persiste como un obstáculo relevante. Para superar este escollo y maximizar el potencial de la Economía Social en la región, expertos abogan por la elaboración de un Plan Estratégico regional. Este plan no solo impulsaría políticas específicas que fortalezcan las relaciones institucionales con actores clave como FECOMA, sino que también podría fomentar la captación de talento joven y la colaboración con el tejido empresarial tradicional. El establecimiento de estas sinergias sería crucial para consolidar a la Economía Social como protagonista en la generación de empleos estables y como fuente de respuestas innovadoras ante desafíos contemporáneos, como la sostenibilidad y la renovación generacional.









