La OCDE preñada de ultraliberales

rata

Las ratas, pese a no gozar del favor popular, son unos animales admirables por su capacidad para la superviviencia. Serían, junto a las cucarachas, de las pocas especies que sobrevivirían a una guerra nuclear y lo harán al calentamiento climático (calentón del clima por cortesía de la China tan admirada y de Obama), pueden adpatarse a los venenos y se reproducen con rapidez y profusión a sabiendas de que es la mejor forma de perpetuar su especie. Dicen que las primeras que abandonan el barco en dificultades son ellas pero cabe decir que también son las primeras en volver cuando todo va bien.

Pasada la tormenta financiera y una vez que hemos salvado a los tiburones financieros con nuestro dinero, la OCDE que estaba muy calladita ha vuelto a las andadas recomendando lo mismo de siempre, pero más. Es decir, vuelta al barco ahora que todo va bien pero sin cambiar el paso ni retroceder, al fin y al cabo siempre se equivocan los demás.

Es la hora de reestructurar, de privilegiar las operaciones internacionales sin cortapisas, de desmantelar los sistemas de protección social porque «falsean el mercado». ¿Se puede ser más cínico?. Sí. Respecto a los bancos dicen que «las instituciones financieras que actualmente están participadas por el Estado, si son viables, deben volver a pasar al sector privado». Claro que si no son rentables deben seguir al amparo del hermano mayor.

Para quienes comulgan con estas ruedas de molino, que de todo hay, me permito decirles que además huelen a naftalina como el baúl de un anciano. Recuperan incluso el lenguaje de la abuela, Thatcher en este caso, para recetar que hay que «incitar a la búsqueda de empleo» lo que en román paladino significa eliminar la protección por desempleo no sea que los vagos currantes en paro se acomoden demasiado en el sofá.

Se pueden permitir el lujo de ser más antigüos que la rueca porque dominan el lenguaje y con él a la opinión pública. Si no fuera así no se lo comían ni las ratas, lo que sería un raro acto de canibalismo. Ya sólo falta que encima digamos amén.

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Foto | ratranch

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