Hace ya más de un año, en Septiembre de 2008, cuando quedó evidenciado que la crisis en la que nos encontrábamos tenía una descomunal magnitud, políticos, prensa y expertos, comenzaron a reconocer que existía un grave problema, que se habían cometido errores y que cabía realizar ciertos cambios.

En aquel momento se habló de “refundar el capitalismo”, se habló de cambios de legislación para regular mejor los mercados financieros, de forma que se evitaran los movimientos especulativos, que habían llevado a esta crisis, se planteó incluso, poner coto a los paraísos fiscales de algunos minipaíses.

Se reconoció, en definitiva, que la crisis estaba causada por ciertas imperfecciones del sistema y ciertos sinvergüenzas sin escrúpulos, que se habían aprovechado de los resquicios que el sistema dejaba. Por eso se hicieron cosas, como lo del G-20, que prometía tomar las medidas necesarias para que esto no volviera a suceder.

Ha pasado año y medio y realmente no se ha hecho nada significativo y siguen apareciendo extrañas anomalías en el sistema financiero: bancos que piden prestado al BCE al 1% para comprar deuda públca al 4%, en lugar de prestar a particulares y empresas, grandes movimientos especulativos en las bolsas de algunos países, que provocan bajadas injustificadas, etc…

Pero ya se ha olvidado aquello de que el sistema tenía defectos y había que reformarlo. Ahora las recetas son diferentes y van encaminadas hacia que los trabajadores renuncien a parte de sus derechos y se jubilen más tarde. Además los estados deben reducir significativamente su gasto y los ciudadanos prescindir de servicios e infraestructuras.

Todos tenemos que colaborar, sacrificarnos y renunciar a ciertas cosas. Lo que sea, menos esa barbaridad de cambiar las reglas del juego, para evitar que algunos sinvergüenzas sigan enriqueciéndose de forma poco ética.