Ya te comentamos en otra ocasión lo que era el arbitraje como aquella negociación en la que, al no ponerse de acuerdo trabajador y empresario, un tercero toma la decisión por ellos.

Ahora bien, existen dos modalidades de arbitraje que son de los que quiero hablarte:

Arbitraje voluntario. Se caracteriza porque nace de la negociación de las partes porque, a pesar de que no logran una solución para el conflicto, son capaces de elegir un procedimiento que lo solucione, que resuelva la controversia.

El elemento negociador es esencial pues los afectados deberán acordar a quién encargan la solución del conflicto y bajo qué condiciones lo hacen, es más, tendrán que establecer los temas sobre los que han de versar el arbitraje, el procedimiento a seguir y el plazo para resolver e, incluso, indicar con arreglo a qué criterios debe producirse el arbitraje y dictase el laudo (criterios de derecho o de equidad).

En cuanto al arbitraje voluntario cabe también la posibilidad que las partes opten por el arbitraje una vez que ha aparecido el conflicto o bien, que antes de que surja ese conflicto, se establezca que el procedimiento a aplicar para futuras controversias sea el arbitraje.

Una modalidad de arbitraje típica es el arbitraje de ofertas finales donde se reduce la facultad discrecional del árbitro pues éste debe resolver el conflicto escogiendo una de las propuestas últimas formuladas por las partes. El árbitro no hace el laudo sino las partes.

Esas propuestas pueden estar formuladas de forma global o bien formuladas por temas (con alternativas para cada tema).

Arbitraje Obligatorio. Es un arbitraje impuesto donde las partes no pueden negarse al mismo. Se produce normalmente cuando el conflicto afecta a los servicios esenciales o cuando el conflicto lleva demasiado tiempo sin una solución por ambas partes.