¿Recesión en camino en EE. UU.? Los despidos se disparan, pero el “termómetro” aún no marca colapso

Los titulares sobre despidos vuelven a sonar a 2008 y la conversación en los mercados ya se mueve entre dos extremos: o la economía aguanta y la Reserva Federal podrá recortar tipos sin drama, o el deterioro del empleo acabará arrastrándolo todo. La realidad —como casi siempre— es más incómoda: hay señales claras de enfriamiento y de miedo laboral, pero también datos que advierten contra una lectura apocalíptica basada solo en anuncios de recortes de plantilla.

1) El dato que enciende las alarmas: más de 1,2 millones de recortes anunciados

La firma Challenger, Gray & Christmas contabilizó 1.206.374 recortes de empleo anunciados en 2025 en Estados Unidos, un +58% interanual, lo que lo convierte en el peor ejercicio desde la Gran Recesión si se excluye 2020 (distorsionado por la pandemia).

Es un número enorme y, además, con un matiz importante: no se trata de “rumores”, sino de anuncios públicos de empresas y organismos. Aun así, conviene recordar que “job cuts announced” no es lo mismo que empleo destruido ya: algunos ajustes se ejecutan en varios trimestres, otros se reformulan y una parte termina mitigándose con recolocaciones o congelaciones de contratación.

2) ¿De dónde salen tantos despidos? El Gobierno, la tecnología… y una etiqueta que crece: “IA”

Uno de los elementos más llamativos del informe anual es el peso del sector público: el Gobierno lideró 2025 con 308.167 recortes anunciados, impulsados en gran parte por iniciativas de eficiencia y reorganización interna que el propio informe identifica como motor del repunte.

Y aquí entra la parte que más se viraliza: la Inteligencia Artificial ya aparece como motivo explícito en una fracción de los anuncios. Según el mismo recuento, 54.836 recortes se atribuyeron a “Artificial Intelligence” como razón declarada. Es un volumen relevante… pero también un recordatorio de que la IA no explica “todo”: el ajuste mezcla automatización, costes, reestructuraciones, fin de proyectos, cambios de demanda y decisiones políticas.

Idea clave para un enfoque financiero: la IA actúa hoy más como acelerador (reduce tiempos para recortar costes, automatiza flujos y redefine funciones) que como “botón mágico” que sustituye de golpe millones de empleos. El mercado laboral se suele romper por cadenas: menos demanda → menos inversión → menos contratación → más recortes. La IA puede adelantar fases, pero no elimina las fases.

3) El contraste que desconcierta: el empleo “oficial” no cae (todavía), pero se enfría

Aquí está el giro que mucha gente pasa por alto: cuando se mira el empleo medido mes a mes por el Estado, el cuadro no es el de una economía desplomándose… sino el de una economía ralentizando con fuerza.

En el informe de “Employment Situation” de U.S. Bureau of Labor Statistics para diciembre de 2025, el empleo no agrícola subió +50.000 y la tasa de paro se situó en 4,4%.

El matiz importante es la tendencia:

  • En 2025, el aumento medio mensual del empleo fue de +49.000 (muy por debajo de años anteriores).
  • Y el promedio de los últimos tres meses fue -22.000, debido a un trimestre final muy irregular (octubre fue especialmente débil).

Traducción financiera: no es imprescindible ver una gran subida del paro para que el consumo se enfríe. Basta con que desaparezca la sensación de “si me echan, encuentro otra cosa rápido”. Y ese cambio psicológico, cuando se generaliza, suele reflejarse primero en gasto discrecional, luego en beneficios empresariales y, finalmente, en inversión y contratación.

4) ¿Entonces el post viral tiene razón? Sí… y no

Varios mensajes que circulan mezclan cifras reales con conclusiones demasiado rápidas. Algunas afirmaciones (como el total anual de recortes anunciados o el promedio negativo del empleo reciente) están respaldadas por fuentes sólidas.

Pero la lectura “recesión garantizada” se apoya en un salto lógico que no siempre se cumple:

  • Anuncios de despidos ≠ recesión automática.
  • Recortes concentrados en sectores concretos ≠ colapso general del mercado laboral.
  • Y, sobre todo, los ciclos suelen ser más lentos de lo que pide el contenido viral.

Lo que sí es verdad —y aquí está el punto incómodo— es que la economía “real” puede estar sufriendo aunque los índices bursátiles aguanten. Esto ocurre cuando el mercado descuenta un escenario de “recorte de tipos + aterrizaje suave”, mientras la calle vive otra película: miedo a perder el trabajo, menos movilidad laboral, y decisiones familiares más defensivas.

5) La FED, el “timing” y el riesgo de equivocarse

La política monetaria suele aparecer en estos debates como un comodín: “si la FED recorta, todo se arregla”. Pero en un entorno donde el empleo se enfría, el riesgo no es solo si recorta o no, sino cuándo y por qué.

Si recorta demasiado tarde, puede encontrarse con un mercado laboral que ya se ha debilitado lo suficiente como para contagiar al consumo. Si recorta demasiado pronto (o comunica mal), puede alimentar nuevas tensiones de precios o burbujas de activos. Y en ambos casos, el inversor se queda con lo que más odia: incertidumbre.

Una forma sobria de leerlo es esta:

  • El mercado puede estar “celebrando” recortes futuros, pero el empleo se comporta como un motor: cuando empieza a fallar, a veces tarda meses en notarse… y luego se nota rápido.

6) Qué vigilar a partir de ahora

Si el objetivo es detectar si estamos ante un simple enfriamiento o ante una recesión en construcción, hay indicadores especialmente útiles:

  • Tendencia trimestral del empleo (no solo el dato de un mes).
  • Tasa de paro y duración del desempleo: no es lo mismo subir por entradas puntuales que por desempleo persistente.
  • Rotación y contratación: cuando las empresas dejan de contratar, el mercado se “seca” aunque no haya despidos masivos inmediatos.
  • Beneficios empresariales y guidance: recortes de plantilla suelen anticipar presión sobre márgenes.
  • Señales de estrés en crédito: morosidad, impagos y endurecimiento de condiciones suelen llegar cuando el miedo laboral ya está extendido.

Conclusión

El mensaje correcto no es “todo va bien” ni “se viene 2008”. Los datos más sólidos dibujan una economía que se enfría, con recortes anunciados históricamente altos y un final de año en el que la creación de empleo se ha debilitado hasta el punto de volverse negativa en promedio trimestral.

Eso no confirma por sí solo una recesión, pero sí aumenta la probabilidad de que 2026 sea el año en el que los mercados tengan que dejar de mirar solo a los tipos de interés y empezar a mirar —de verdad— al empleo y al consumo.

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