Alemania abre el debate que España no puede aplazar sobre las pensiones

Alemania vuelve a colocar sobre la mesa europea una discusión incómoda: cómo sostener las pensiones cuando la población envejece, nacen menos niños y una parte creciente de los trabajadores se acerca a la jubilación. La propuesta no está aprobada todavía y tendrá recorrido político, pero marca una dirección clara: complementar el sistema público de reparto con una capa obligatoria de capitalización y vincular la edad de retiro a la esperanza de vida.

La idea procede de una comisión nombrada por el Gobierno alemán y cuenta con el respaldo del canciller Friedrich Merz. Entre sus recomendaciones figuran la creación de un fondo de pensiones de inspiración sueca, con aportaciones obligatorias de trabajadores y empresas invertidas en los mercados, y una subida gradual de la edad de jubilación que podría llevarla hacia los 70 años en las últimas décadas del siglo. También plantea eliminar la jubilación anticipada sin penalización a los 63 años para largas carreras de cotización, una medida especialmente controvertida en el debate alemán.

La capitalización entra en el debate alemán

La propuesta alemana no sustituye el sistema público de reparto. Lo complementa. El modelo actual se basa, como en España, en que las cotizaciones de los trabajadores financian las pensiones de los jubilados. El problema aparece cuando la relación entre cotizantes y pensionistas se deteriora por el envejecimiento. Si hay menos trabajadores por cada jubilado, el sistema necesita más cotizaciones, más impuestos, menos gasto en otras partidas, pensiones más contenidas o una combinación de todo ello.

El cambio más llamativo es la creación de una pensión de capitalización obligatoria. Según las informaciones publicadas, trabajadores y empresas aportarían progresivamente hasta el 2 % del salario anual a cuentas individuales, con inversión en mercados de capitales y gestión bajo un esquema público o fuertemente supervisado. La referencia es el modelo sueco, donde una parte de la pensión se canaliza hacia fondos de inversión elegidos dentro de un marco regulado.

La segunda pieza es la edad de jubilación. Alemania ya tiene previsto elevar la edad legal hasta los 67 años en 2031 para las cohortes nacidas a partir de 1964. La comisión plantea ir más allá y vincular la edad de retiro a la esperanza de vida, de forma gradual. Algunos cálculos sitúan la edad de jubilación en 67,5 años en 2042 y en torno a los 70 años hacia 2092 si se cumplen las proyecciones actuales.

Medida propuesta en AlemaniaQué implica
Fondo obligatorio de capitalizaciónAportaciones de trabajadores y empresas hasta el 2 % del salario
Gestión con marco públicoInversión en mercados de capitales bajo diseño institucional
Edad ligada a esperanza de vidaLa edad de retiro subiría si aumenta la longevidad
Fin de algunas jubilaciones anticipadasSe cuestiona la salida a los 63 años sin penalización para largas carreras
Inclusión de autónomosSe plantea obligarles a cotizar si no están cubiertos por otro sistema

No es una reforma menor. Alemania ha sido durante décadas uno de los grandes defensores del seguro social de reparto, con una tradición que se remonta a Bismarck. Que ahora estudie una capa obligatoria de capitalización no significa abandonar el Estado del bienestar, sino aceptar que el reparto puro tiene límites cuando cambia la estructura demográfica.

El problema de fondo es demográfico

El envejecimiento no es una hipótesis. Es una realidad estadística. La ratio de dependencia de mayores en la Unión Europea ha pasado del 29 % en 2015 al 34,5 % en 2025, según Eurostat. Esto significa que hay cada vez más personas de 65 años o más por cada 100 personas en edad de trabajar. La tendencia seguirá presionando las cuentas públicas en pensiones, sanidad y cuidados de larga duración.

En Alemania, el impacto de la generación del baby boom sobre el sistema de pensiones será intenso durante las próximas dos décadas. El informe de país del Ageing Report de la Comisión Europea ya señalaba que el número de nuevas pensiones de vejez y jubilaciones anticipadas aumentará con fuerza hasta mediados de la década de 2030, a medida que los baby boomers alcancen la edad de retiro.

España no está en una posición muy distinta. El Ageing Report 2024 apunta que el gasto público en pensiones aumentará de aquí a 2050 por el rápido envejecimiento de la población española y la jubilación de la generación del baby boom. La presión no viene solo de que vivamos más años, sino de que durante un periodo prolongado se jubilarán cohortes numerosas mientras las generaciones más jóvenes son más pequeñas.

La AIReF ha validado formalmente que España cumple la regla de gasto de pensiones, pero ha advertido al mismo tiempo de que ese cumplimiento no garantiza por sí solo la sostenibilidad del sistema. En su evaluación de 2026, el organismo fiscal pide revisar la regla para alinearla mejor con la presión demográfica y con el marco fiscal europeo. Las estimaciones publicadas por distintos medios a partir de ese análisis sitúan el gasto neto medio en pensiones en torno al 13 % del PIB entre 2022 y 2050, dentro del umbral legal, pero con riesgos de deuda y de gasto asociado al envejecimiento.

España debería discutir más que la revalorización anual

El debate español sobre pensiones suele quedar atrapado en una pregunta inmediata: cuánto suben este año. Es comprensible, porque afecta a millones de personas y a su poder adquisitivo. Pero esa conversación, por sí sola, es insuficiente. La cuestión estructural es cómo se reparten los costes entre generaciones, cotizantes, pensionistas, empresas y presupuesto público.

Abrir el debate sobre capitalización no implica desmontar el sistema público de reparto. Puede plantearse como una segunda capa, transparente y regulada, que conviva con la pensión pública. De hecho, la propuesta alemana resulta interesante precisamente porque no entrega automáticamente la gestión al sector financiero privado, sino que introduce una arquitectura pública o supervisada para canalizar ahorro hacia mercados de capitales.

Ese punto es importante para España. La capitalización suele generar rechazo cuando se presenta como privatización del sistema. Pero no todos los modelos son iguales. Una cosa es sustituir pensiones públicas por planes privados individuales gestionados comercialmente; otra distinta es crear cuentas obligatorias o semipúblicas, de bajo coste, con inversión diversificada, reglas claras, supervisión fuerte y horizonte de muy largo plazo.

El modelo tendría ventajas y riesgos. Entre las ventajas, permitiría acumular ahorro real, diversificar fuentes de financiación de la jubilación y reducir parte de la presión futura sobre las cotizaciones. Entre los riesgos, introduciría exposición a mercados, desigualdades si las aportaciones son bajas o irregulares, problemas de diseño si las comisiones son altas y tensiones políticas sobre quién decide la inversión.

Opción de reformaVentajaRiesgo
Subir cotizacionesAumenta ingresos del sistemaEleva costes laborales
Financiar más con impuestosReparte el coste por el presupuestoCompite con sanidad, educación, dependencia e inversión
Retrasar edad efectiva de jubilaciónAumenta años cotizados y reduce años de cobroDifícil para trabajos físicos o carreras largas
Capitalización complementariaAcumula ahorro y diversifica fuentesDepende de diseño, costes y rendimiento a largo plazo
Recortar prestaciones futurasMejora sostenibilidad financieraPuede aumentar pobreza o desigualdad en mayores

El debate honesto no consiste en elegir una medida aislada, sino en ordenar un paquete coherente. Alemania está intentando hacerlo: edad de retiro, capitalización, autónomos, jubilación anticipada y equidad generacional. España debería hacer algo parecido sin esperar a que la presión demográfica deje menos margen.

La cuestión generacional

La parte más incómoda del debate es el coste de oportunidad. Cada euro adicional destinado a pensiones es un euro que no va a educación, vivienda, dependencia, sanidad, innovación, defensa, infraestructuras o reducción de deuda, salvo que se suban impuestos o cotizaciones. Esto no significa que las pensiones sean un gasto prescindible. Significa que tienen que analizarse dentro del conjunto del contrato social.

La generación que se jubila ahora o en los próximos años ha sostenido el sistema durante décadas. Tiene derecho a estabilidad y a reglas previsibles. Pero las generaciones jóvenes también tienen derecho a saber qué nivel de cotizaciones soportarán, qué pensión podrán esperar y qué margen fiscal quedará para financiar otros servicios públicos.

El debate alemán pone ese conflicto en primer plano. Si una sociedad quiere mantener pensiones dignas, debe decidir cómo financiar más años de vida jubilada. Puede trabajar más tiempo, ahorrar más durante la vida laboral, cotizar más, aceptar prestaciones menos generosas o elevar la productividad para que la misma población ocupada genere más recursos. Ninguna opción es gratis.

España ha introducido reformas relevantes en los últimos años, como el mecanismo de equidad intergeneracional, cambios en cotizaciones, incentivos para retrasar la jubilación y ajustes en autónomos. Pero el debate sobre una capa de capitalización pública o semipública sigue siendo limitado. Alemania, con todos sus matices políticos, está dando un paso que merece ser observado.

No se trata de copiar sin más. La estructura laboral, salarial, fiscal y financiera española no es idéntica a la alemana. Tampoco lo es la cultura de ahorro ni la relación con los mercados. Pero sí conviene extraer una lección: las pensiones no pueden gestionarse solo con decisiones anuales. Necesitan instituciones, reglas y horizontes de varias décadas.

La pregunta para España no es si debe importar el modelo alemán. La pregunta es si puede permitirse no debatir alternativas mientras envejece la población, aumenta el gasto asociado a la edad y los jóvenes tienen una relación cada vez más incierta con el mercado laboral y la vivienda.

Alemania ha abierto una puerta que muchos países europeos terminarán cruzando, de una forma u otra. La capitalización complementaria, bien diseñada, no tiene por qué ser enemiga del sistema público. Puede ser una pieza más para hacerlo menos vulnerable. La clave estará en quién la gestiona, con qué costes, con qué garantías, con qué protección para salarios bajos y con qué transparencia para que el ciudadano entienda qué está acumulando y qué puede esperar.

Preguntas frecuentes

¿Alemania ya ha aprobado esta reforma de pensiones?
No. Se trata de propuestas de una comisión nombrada por el Gobierno alemán y respaldadas políticamente por el canciller Friedrich Merz, pero todavía deben superar el debate político y parlamentario.

¿Qué significa capitalización complementaria?
Significa acumular ahorro durante la vida laboral en cuentas o fondos que se invierten a largo plazo, para complementar la pensión pública de reparto.

¿España tiene un problema parecido al de Alemania?
Sí, aunque con características propias. España también afronta la jubilación de la generación del baby boom, una población envejecida y una presión creciente sobre pensiones, sanidad y cuidados.

¿Capitalización equivale a privatizar las pensiones?
No necesariamente. Puede haber modelos privados, públicos o mixtos. La propuesta alemana apunta a una capa de capitalización obligatoria con fuerte diseño institucional, no a sustituir por completo la pensión pública.

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