baht.jpegUn escalofrío ha recorrido los mercados mundiales cuando las autoridades tailandesas decidieron tomar medidas de control de capitales para evitar la especulación entorno a su moneda, el baht, y que ésta no siguiera apreciándose frente al dólar, su moneda de referencia. La consecuencia fue una caída generalizada en las bolsas mundiales durante la jornada de ayer, lo que ha vuelto a motivar la retirada de las medidas en el país oriental. Todo recordaba a la crisis del 97 que se inició en el mismo país y con las monedas del lejano oriente como protagonistas. Pero no tienen ninguna relación ni parece que vaya a repetirse la situación mencionada porque esta vez las claves son otras y entre ellas la moneda china, el yuan.

China es la locomotora asiática que tira de las exportaciones regionales con fuerza de tal modo que de este país dependen muchas de las economías de este rincón del mundo, entre ellas la de Tailandia. Pero el gigante chino mantiene a su moneda sujeta por lo que se conoce como “flotación sucia“, es decir, ésta puede oscilar pero no más del 0,3% arriba o abajo por día. El yuan, por tanto, sufre un desequilibrio artificioso que lo mantiene infravalorado por estar ligado a su vez al dólar. Si el billete verde se deprecia y frente a ello la moneda china apenas fluctúa mientras el baht se aprecia, entonces la pérdida de competitividad de la economía tailandesa es mayor del debido y parece hasta cierto punto normal que las autoridades tomen ciertas medidas aunque las implementadas no son las adecuadas.

A largo plazo cabe esperar, porque no puede ser de otra manera, que el yuan se libere de sus ataduras y que haya mayor estabilidad regional. De otro modo y mientras tanto todavía pueden darse sorpresas, a menudo desagradables, con el foco en el Lejano Oriente.

Vía: Cinco Días.