diogenes

Los cínicos eran, cuando surgió este movimiento filosófico, personas que consideraban que la felicidad debía provenir de una forma simple de vivir y en armonía con la naturaleza, lejos de boato y oropeles. El más famoso de esta escuela de pensamiento fue Diógenes conocido no sólo por ser instructor de Alejandro Magno sino también por su frugal y austero modo de vida. Cuentan que cuando Alejandro le preguntó qué desaba a cambio de sus enseñanzas, Diógenes le pidió que se apartara porque le quitaba el sol y que, en otra ocasión, viendo este filósofo a un niño bebiendo agua directamente con las manos pensó que aún le sobraban cosas y tiró su escudilla.

Con el paso del tiempo ni de Diógenes tenemos mejor noticia que los ancianos que acumulan desperdicios ni tenemos la misma idea de lo que es un cínico más allá de alguien con una disposición a no creer en la sinceridad o bondad humana, ni en sus motivaciones y acciones, así como una tendencia a expresar esta actitud mediante la burla y el sarcasmo. O sea, un banco, caja o entidad de crédito cualquiera. Ellos son los verdaderos cínicos de hoy día con la inestimable colaboración de la prensa acrítica cuando no colaboracionista.

Me parto y me troncho con el titular de que el endeudamiento de familias y empresas sigue desacelerándose como podéis ver en Expansión cuando en el cuerpo de la noticia cuentan también que la masa total ha crecido un 2,3% o cómo dan cuenta asimismo de que el crecimiento del crédito por encima de lo que varía el PIB (ahora mismo negativo) demuestra el compromiso de la banca con la financiación. Ja.

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Todos sabemos que los bancos y cajas no sólo no están dando crédito sino que además están jugando con sus clientes cuando no intentando limpiar sus balances a costa de todo el que pueden. Va siendo hora de pedir, mejor, de exigir que consideremos la necesidad de volver a tener un banco público. Peor que ellos no creo que lo haga.