Es la noticia de los últimos días y poco se puede añadir desde el punto de vista de los afectados por un desastre que deja sin luz, algo esencial hoy día, durante varios días a miles de personas. Bueno, voy a añadir que algo parecido ocurrió con motivo de la tormenta tropical Delta hace dos o tres años en las Islas Canarias sin que se armara tanto alboroto pero no vamos a hacer comparaciones no vaya a ser que la liemos.
Llama la atención que se produzcan estos accidentes al tiempo que las empresas eléctricas obtienen ingentes beneficios pero éste no es motivo suficiente para la demagogia. La única manera de evitar una situación parecida sería a través de la existencia de una segunda malla eléctrica que sustituyera a la principal cuando hay alguna caída de tensión o cese de ella pero hay que dejar claro que los costes de establecer la segunda red no serían asumibles ni por las empresas ni por los consumidores, verdaderos pagadores de todo. Hablamos de coste de oportunidad puro y duro.
Otra cosa es que las grandes empresas del sector eléctrico no inviertan lo suficiente en el mantenimiento de su propio negocio. Este sector es, por un lado, de los pocos que aún siguen regulados por el Gobierno y, por otro, consta además de varios subsectores (generación, transporte, distribución y comercialización) que lo hacen muy complejo y caro. De parte de las autoridades queda obligar a las empresas a mantener adecuadamente sus infraestructuras mientras que han de ser las entidades quienes sopesen su responsabilidad social más allá de establecer juntas directivas paritarias.
La conclusión es que seguirá dándose el caso de beneficios y apagones al mismo tiempo y no sólo en la electricidad también en la telefonía por ejemplo. Son costes añadidos a nuestra forma de vida.