Gracias a casos como el de Facebook, los business angels se han colocado en el ojo de las aspiraciones del inversor común, y han puesto a las startups como una materia de rentabilidad envidiable.

Una startup es una empresa que inicia su andadura en la red, y requiere de recursos frescos para ampliar su volumen de negocio. Debido a su naturaleza (esencialmente al riesgo que implica invertir en una empresa que lo mismo puede resultar que no), el respaldo de una institución financiera es algo fuera de discusión. Ante la posibilidad de que la startup se venga abajo debido a sus propias limitaciones, entra en escena la figura (nunca mejor llamada) del business angel.


Un business angel es un inversor particular que desea colocar su capital en una startup para generar infraestructura y logística para la empresa, y rentabilidad para sí. El angel coloca su capital en la empresa, y se retira cuando lo cree conveniente, con una plusvalía proveniente de las ganancias generadas por la empresa. Desde luego, hay un riesgo: el de que la startup fracase.

Por ello, ser un business angel es algo que debería conllevar algo más que la fe ciega y los vaticinios personales. ESADE Business School ha lanzado un curso para adquirir las herramientas necesarias para convertirse en un angel exítoso, y de paso coadyuvar al crecimiento y consolidación de las nuevas empresas online.

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