La conciliación de la vida familiar y laboral es,  no sólo un tema de candente actualidad, por las múltiples repercusiones que de ella se desprenden, sino una necesidad de las sociedades modernas en la que las familias siguen siendo la base del desarrollo de individuos equilibrados y sanos.

Sin embargo, el matiz está en que estas funciones de cuidado, crianza y trabajo doméstico han venido, tradicionalmente, a englobar el trabajo (no remunerado) que realiza la mujer, relegada al ámbito de lo privado y que normalmente no tenía que ir a trabajar a ninguna parte sino que su trabajo era la casa, el cuidado de los hijos y el del marido.

En la actualidad esto no es así, tanto el hombre como la mujer trabajan y eso hace que las tareas, para la mujer, se multipliquen porque ya no tiene que ocuparse de un sólo trabajo sino de dos, el del trabajo profesional y el del trabajo doméstico y crianza de los hijos, algo que, a veces, agobia a las mujeres.

Es, por tanto, el momento de reconocer la función social de la maternidad y la paternidad (desde la perspectiva de que mujeres y hombres son sujetos protagonistas y activos en la consecución de la conciliación), valorando su significado, su repercusión,… y entendiendo, como premisa fundamental, que las personas deben ser, ante todo, los sujetos principales de las políticas, medidas, acciones, que se desarrollen en el seno de una sociedad.

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