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A la hora de hacer frente a un despido es importante actuar con una gran serenidad.  Esa es la mejor forma de hacer frente a una situación muy complicada para el trabajador y evitar, así, dar pasos en contra de nuestros propios intereses.

Cuidado con el plazo de los pagarés

Si en el momento en que recibimos la carta de despido, ésta viene acompañada de algún pagaré para hacer frente a la indemnización, deberemos fijarnos muy bien en la fecha de vencimiento de dicho pagaré.  Pongamos por caso que dicha fecha es de un mes posterior a la fecha de despido.  En ese caso, si a la fecha de vencimiento nos encontramos con la desagradable sorpresa de que no hay fondos disponibles para hacer frente a dicho pagaré también nos encontraremos con la sorpresa de que habremos dejado pasar el plazo de impugnación de dicho despido, que es de 20 días hábiles.

En dicho caso, sólo podríamos interponer la “demanda de reclamación de cantidad laboral”, y conseguir cobrar los 20 días por año trabajado un año después, o quizás más tarde si es el Fogasa el que deba realizar el pago.

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En el caso contrario, y si no hubiéramos hecho caso del plazo del pagaré, hubiésemos podido interponer una demanda por despido improcedente antes de transcurridos los veinte días hábiles, consiguiendo así una sentencia en un plazo mucho menor y, además, la indemnización cobrada hubiera ascendido a 45 días por año trabajado por la antigüedad anterior al 12 de febrero de 2012, y 33 días por año trabajado por la antigüedad posterior a la fecha mencionada.

Despido improcedente por la forma

Llegados a este punto debemos recordar que los despidos deben ser correctos tanto en el fondo como en la forma.  Así, es importante añadir que son improcedentes todos los despidos cuya indemnización se abone mediante pagarés con fecha de vencimiento posterior a la fecha de despido.  Este detalle es muy importante, ya que utilizar este método con fechas posteriores es como no  pagar en la fecha de despido.