Según ha anunciado el propio presidente de Bolivia, Evo Morales, concurrirá a defender hoy en Viena, ante la comisión de la ONU contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes, el ancestral mascado de coca en su país, que suele utilizarse para mitigar el hambre o el cansancio, pero cuyas hojas sirven también para elaborar cocaína, aunque en procesos que sí se muestra dispuesto a combatir.

Mediante esta estrategia, el gobernante busca la readmisión de Bolivia a la Convención de Viena de 1961, que debió abandonar el año pasado con la idea de que fuera aceptado nuevamente este año, aunque atendiendo siempre que exista una reserva específica sobre el consumo de la coca, un ardid que según la oposición no le dará resultado en el manifiesto.

El problema es que desde hace décadas, esta Convención obliga a los países firmantes a eliminar la práctica del mascado de coca o cualquier otra base de droga. Sin embargo, Bolivia consideró en reiteradas oportunidades que esa exigencia es imposible de acatar, debido a que la práctica es ancestral y muy arraigada en el país, especialmente en sectores indígenas, que además conforman el 60% de su población.

Hay que destacar además que la presencia de Morales en el encuentro es doblemente importante, ya que él mismo sigue siendo el líder del sindicato de productores de coca del Chapare, e incluso el pasado fin de semana, se le donó una “hoja de la coca” para que lleve a Viena, a fin de demostrar que la misma no hace ningún daño a la salud humana en su aspecto original, sino que se trata realmente más de una medicina.

De hecho, desde hace miles de años la coca se utiliza en Bolivia con fines medicinales en distintas infusiones, especialmente tés, para atenuar el mal de altura o contrarrestar dolores de cabeza o estomacales, en tiros de las tribus locales sobre todo, por lo que ahora se intentará que la comisión de la ONU avale su uso.