Las medidas extraordinarios tomadas por la FED (Reserva Federal) estadounidense están provocando dos efectos bien distintos: el júbilo bursátil y la fría crítica de los analistas.

 Estas medidas extraordinarias tienen la forma de TSLF (Préstamos de Valores a Término): una inyección de 200,000 millones de dólares en valores del Tesoro a 28 días para operadores primarios, a través de la prenda de diversos valores de deuda e hipotecarios. Una medida, respaldada por diversos bancos europeos y canadienses, que busca promover la liquidez en los mercados del financiamiento para los valores del Tesoro y “alentar la función de los mercados financieros de manera más general”. El día de ayer se sumaron  200 billones en garantías del Tesoro.

Los mercados reaccionaron con júbilo y tendencias alcistas: el índice Dow Jone reflotó 426 puntos, el mayor incremento en cinco años, y el dólar se vio fortalecido ante el avance del euro.

 
Diversos analistas, sin embargo, declaran que la medida no ataca al problema de raíz: el vacío causado por la burbuja inmobiliaria y las hipotecas subprime. Por ejemplo, Lou Crandall, economista jefe de Wrightson ICAP, asegura que la FED “esencialmente ha creado 300 billones de la nada”.

Las medidas paliaran los problemas de liquidez al corto plazo pero no resuelven “la declinación del capital en el sistema bancario”. Los inversionistas, alarmados por los signos de recesión, exigen liquidez a un sistema bancario con graves déficit por la caída de las tasas de interés inmobiliario.

 

Otros analistas pronostican un mediano plazo ominoso: una espiral inflacionaria.

 ¿Será peor el remedio que la enfermedad?