granscala.jpg

Seguramente pensaréis que aludir a un tema estético como crítica de un proyecto es, en el fondo, una frivolidad y tenéis razón pero por algún sitio debía empezar pero es que, además, lo creo sinceramente y encima me lo han puesto “a huevo”. A veces, la magnitud de las cifras y las promesas, envueltas en papel de regalo por parte de tiburones financieros sin otra motivación que el negocio puro y duro, no nos dejan ver la realidad y mucho menos pensar a largo plazo.

No es la primera vez que se promete construir en el paraíso del ladrillo y la especulación, territorio antes conocido como España y que en realidad descansa bajo toneladas de cemento, un paraíso aún mayor de ocio y turismo destinado a sacar del atraso a comarcas ciertamente olvidadas. Antes fue en La Mancha, ahora en Los Monegros. Hay que reconocer que las cifras son mareantes y atractivas: 17.000 millones de euros de inversión, 32 casinos, 70 hoteles, 232 restaurantes, 500 comercios, tres campos de golf, una plaza de toros, varios parques de atracciones sobre un total de 2.000 hectáreas de terreno mal calificado de semi-desértico cuando es una estepa, y 65.000 empleos (por decir una cifra ya que no han desglosado en calidad de qué). Barbaridades en suma.

Cualquiera podría caer en la tentación de creer que se está ante una gran inversión dinamizadora de una zona deprimida y despoblada, cuántas veces se han usado estos argumentos sin que resultaran ciertos. Pero deshojemos la margarita evitando caer en argumentos sólo ecologistas, último gran enemigo de los neoliberales que luego desatan crisis sin responsabilizarse. Vamos con dos puntos clave.

En primer lugar, la inversión prevista. No se trata de poner sobre la mesa enormes cantidades de dinero sino de que los flujos financieros sean ciertos, transparentes y eficientes. ¿De dónde van a proceder?, ¿quién lo financia y a cuánto tiempo?, si fracasa el proyecto ¿es reintegrable o deja una infraestructura aprovechable?. Qué inversiones, por supuesto públicas, exigirá a cambio llevar a 25 millones de turistas al año que contratarán en origen y que, por tanto, no van a gastarse mucho más cuando acaben sus vacaciones.

En segundo lugar, los empleos creados durante la ejecución de las obras y posteriores. A todos ellos les envuelve la característica de que serán de baja cualificación en gran parte y por tanto mal pagados y sin que aporten valor añadido o conocimiento.

Feo desde todos los puntos de vista, creo yo, pan para hoy, hambre para mañana. Las Vegas surgió como el sueño de un visionario que necesitó de ayudas poco confesables para sacarlo adelante y quizá en ser pionero y la leyenda que lo acompaña tiene gran parte de su encanto. Originales sólo puede haber uno, el resto pueden ser sólo copias. Y, en este caso, además es mala. Por cierto que si tan bueno es no sé por qué no ha fructificado con éxito hasta ahora porque pasearlo por el mundo lo han hecho ya. Ellos sabrán.