Dice el economista americano, Nouriel Roubini, alias “Doctor Catástrofe”, que para salir mejor de la crisis habría que relanzar el crecimiento y relajar la austeridad. Podemos estar de acuerdo y suscribir absolutamente dicha reflexión, lo importante es pensar y diseñar un programa de política económica destinado a poder equilibrar la relajación de la austeridad con los estímulos al crecimiento, parece algo más parecido a un desdoblamiento de la personalidad, más un caso de psicología conductiva que de economía. Pero no, considero que sea factible controlar, vigilar los gastos superfluos, el despilfarro de los políticos autonómicos, con la introducción en la economía de medidas claramente estimuladoras, sobre todo en el campo del mercado de trabajo. Se están presentando los Presupuestos Generales del Estado, en ese marco tan importante para la nación, se detallan los gastos y los ingresos previstos para el próximo ejercicio fiscal del 2013. Son, evidentemente, previsiones, cabe pensar en algún sesgo que otro en alguna de las partidas tanto de ingresos como de gastos, contando con dichas desviaciones, no podemos evitar alarmarnos por las cifras globales para financiar las prestaciones por desempleo y las previstas para atender el pago de los intereses de la deuda, aproximadamente estamos hablando de más de 60.000 millones de euros.

Desde mi modesto punto de vista considero estas cifras un autentico dislate, no será más eficiente, como digo, diseñar una batería de medidas encaminadas a crear empleo de manera inmediata, se podría proponer a los empresarios y autónomos de este país bonificaciones y exenciones a aquellos que contraten trabajadores procedentes del desempleo, yo creo que se animarían los “animal spirits” de los emprendedores y habría un mercado de trabajo más dinámico que contribuiría a reducir nuestra impresentable tasa de paro, tanto la de los adultos como la de los jóvenes. Además esta situación, socialmente no podrá durar mucho tiempo, al final se activarán todas las alarmas y lo lamentaremos. Reitero que hay que movilizar recursos para este loable fin de política económica con carácter urgente.

En cuanto a la partida de intereses, ídem de lo mismo. Estaremos pagando intereses durante años y trasladaremos esta pesada carga presupuestaria a las próximas generaciones, será una ingrata herencia que les dejaremos a nuestro hijos y nietos. En cualquier caso, habría que negociar con mayor dureza el aplazamiento de los pagos de la deuda, esto nos permitiría combinar con alguna políticas de estimulo que consiguiera valores positivos de crecimiento económico. Es igualmente necesario que los bancos se aclaren de una vez, que organicen su banco malo y dejen limpios sus balances, si no fluye el crédito a las empresas de forma rápida, nos hundiremos más en la miseria, las empresas españolas son de una dimensión reducida y necesitan el oxigeno del crédito para financiar nominas, proveedores, tecnología, etc.

 

Por el contrario, las previsiones de los gurús más destacados tanto españoles como internacionales, Thomas Sargent, Kenneth Rogoff, Richard Koo, Martin Wolf, Wolfgang Munchau, etc auguran, a corto y medio plazo, caídas del PIB. Ante el incremento de la presión fiscal, subida del IVA, acoso fiscal a las rentas medias-altas, congelación salarial a los funcionarios, etc., recortes y más recortes.

El consumo se resiente de manera importante y volvemos a caer en recesión. Convendría reflexionar seriamente sobre las opiniones de Roubini, relajar la austeridad antes de que sea tarde. Mientras no consigamos organizar una economía más cohesionada y más acorde con la racionalidad económica, estaremos todos asustados, con el miedo metido en el cuerpo, en definitiva unos zombis, que acabaremos como en  aquellas películas de terror, surgidas en los años treinta del siglo pasado y que tanto han prodigado en los últimos tiempos, sin olvidar al clásico “La noche de los muertos vivientes “(1968) y al genial Bela Lugosi