crisis.jpgDice un refrán que “una cosa es predicar y otra muy distinta, dar trigo”. Basta que se empiece a hablar de crisis para que ésta se instale entre nosotros porque las situaciones complicadas en economía derivan de la falta de confianza y expectativas de los agentes económicos. Así de simple, no le busquemos más explicación. Pero meditemos sobre ello, nunca está de más pensar.

Los malos augurios provienen de la llamada crisis crediticia (de confianza), ralentización económica, parón inmobiliario, freno a la creación de empleo y aumento consecutivo del Euribor. Hablando técnicamente hay recesión cuando se encadenan dos períodos, trimestres, de crecimiento negativo (valga la paradoja). Que se crezca menos no significa que haya crisis y tampoco deben saltar las alarmas por unas décimas de menos y que los parámetros se sitúen en el tres y mucho por ciento, en España, cuando por Europa celebran fiesta si se sitúan por encima del 1%. Tengamos claro además que no siempre se pueden alcanzar estos dígitos, con estar en positivo podemos darnos por satisfechos.

Otro factor es el parón en el sector de la construcción que se encardina con el empleo. Este sector es muy intensivo en mano de obra por lo que es normal que a menos obra, menos manos dando como resultado menos empleo o más paro según se mire. ¿El problema?, que se dependa en exceso de la actividad constructiva para crear puestos de trabajo puesto que, tarde o temprano, tenía que pasar entre otras cosas porque el territorio es finito y la población también. Desconozco las cifras concretas pero supongo que las coberturas por desempleo tienen suficiente nivel como para cubrir eventuales incrementos de desempleados con lo que se podría mantener hasta cierto punto el nivel adquisitivo general.

Los tipos de interés suponen el precio que se paga por el dinero y están afectados por la mayor o menor disponibilidad del recurso en función de la ley de la oferta y la demanda así como por el riesgo inherente. Hasta hace bien poco no había problemas de liquidez en el mercado ni parece haberlos si miramos los volúmenes de facturación de la bolsa y la relativa recuperación que se ha producido en poco tiempo. No hay crisis de dinero sino de confianza entre entidades más que de éstas con los particulares lo que tira del Euribor hacia arriba por encima de sus valores objetivos.

Otra cuestión proviene de las alzas sucesivas en los tipos oficiales dictados por el BCE y es que este organismo tiene fijado como objetivo controlar la inflación. En tanto que se modere el crecimiento y por consiguiente el consumo, recortado a su vez por la incertidumbre, los precios subirán menos en conjunto por lo que no es difícil prever que pocas subidas de tipos quedan. Y no es mala noticia a medio plazo.

El primer impulso ante vientos de crisis es verlo todo un poco oscuro o si se es un inconsciente alegrarse para ganar votos o aprovecharse de la necesidad ajena pero creo que cada momento de tensión económica es diferente y no podemos comparar la que quizá se avecine con otras sucedidas recientemente aunque lo diga Greenspan, Rato o quién sea. A mí no me disgusta un panorama de moderado crecimiento con tipos estables en un nivel que no invite a gastar fácilmente y que se empiecen a crear buenos empleos que a la larga tiren más de la economía que la mano de obra barata. Quienes están sufriendo en sus carnes la situación económica ya lo vienen padeciendo desde antes que saltara el tema de las subprime, hay problemas “micro” que no se han solventado desde el lado “macro”, quizá una pequeña ruptura ayude a conseguir torcer los acontecimientos.

En todo caso ya veremos si luego el panorama es peor aunque quedémonos con la lección de que van a sufrir más quienes más endeudados estén. Ahora nos toca a nosotros, dentro de unos años a otros.