Trascendió a los mentideros financieros la feliz voluntad de Bankia de salir a cotizar a Bolsa con un jugoso decuento que primero era del 50% y que ahora es del 69% (si bien se reduce a un 54% sobre cada título una vez realizada la ampliación de capital). Una de las reglas esenciales del parqué es que si parece muy bueno, no lo es.

Apenas y leer el folleto de la OPV de Bankia (el ente nacido de la fusión de Caja Madrid, Bancaja, La Caja de Canarias, Caixa Laietana y las cajas de Ávila, Segovia y Rioja) y las alerta Sse encienden por todas partes, con un factor en común: ladrillo.

Bankia reconoce cerca de 33.000 millones de euros en créditos cedidos al sector inmobiliario, desde la construcción hasta la comercalización de los pisos que tiene en cartera. Algo que es una impresionante exposición al ladrillo.

4.983 millones de euros de estos créditos están en riesgo, 5.452 millones están en mora, y 11.034 son de mala calidad. 3.350 millones de euros han sido provisionados por Bankia para cubrirlos.

BaNkia, además, tiene 3.185 millones de euros en hipotecas dudosas, y 2.379 millones de euros en hipotecas subestándar. Un 35% de todas ellas son de dudoso cobro (1.107 millones de euros).

También hay números rojos en créditos cedidos para edificios en construcción, y en créditos concedidos pymes y autónomos.

2.441 millones de euros de la deuda de Bankia están comprometidos en ejecuciones hipotecarias contra particulares.

¿Hace falta decir más? Bankia es un banco nacido de bancos, y heredó todo su ladrillo.

Fuente | Cinco Días

 

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