imagescamsbd22.jpgLa vocación inversora de la Iglesia no se truncó con el escándalo de Gescartera y las dudas, éticas y estéticas, que aquello despertó. Tras años de pérdidas la tendencia ha dado la vuelta y unos beneficios del 16% en el último período ratifican que en los mercados hay que pensar a largo plazo.

Llama la atención los sectores en los que se concentra la actividad inversora de los obispos, canalizado a través de sociedades de inversión de capital variable (Sicav) entre las que están Umasges, Vayomer y BI Gran Premiere, y que se sitúan en energía, farmacia y alimentación. Además de configurarse como accionista de referencia en importantes entidades como Repsol, Telefónica o Endesa.

No tengo excesivos reparos respecto a la inclinación economicista que los obispos no dudan en utilizar para sacar unos “dinerillos” extra que, espero, tengan un buen fin para los necesitados. Pero debieran ser consecuentes con el papel que no tienen empacho en interpretar y así considerarse a sí mismos algo más “terrenales”. Que por sus actos los conocereis, en definitiva.

Vía: elmundo.