Uno de los capitales más importantes de las empresas es el que forma su personal. Un valor que es fuerza de trabajo y la imagen de la firma en la calle.  Temas que incluyo dentro de lo que considero la inteligencia emocional corporativa.

Poco puede rendir la publicidad dirigida, la estrategia comercial en su simple planeamiento teórico, si quienes ha de ejecutarla no se sienten en la sintonía adecuada con los objetivos corporativos.

Una empresa en la que sus trabajadores se encuentran motivados y comprometidos tiene un clima laboral preparado para el liderazgo. Un liderazgo también interno en el que juegan un papel decisivo los responsables intermedios, los que tratan todos los días a los trabajadores.

El trabajo bien liderado, en equipo, con motivación de los jefes de sección, creo que opera en el seno de la empresa como un elemento cohesionador muy importante.

Aún más, entiendo que la relación más estrecha y participativa entre los trabajadores comprometidos surge y se alienta cuando todo el entramado de las relaciones de trabajo dependen del intercambio de información y de conocimiento en igualdad.

Creo en la actitud positiva, en la creatividad permisiva hacia los trabajadores, en el desarrollo de una filosofía de trabajo en la que se procure la proactividad individual y una actitud realista para la delegación de tareas eficaz, pero también flexible.

Quienes se reservan la información como un mecanismo de control de los subalternos pueden alentar los secretismos, los corrillos, el desequilibrio en el tratamiento de los asuntos por falta de comunicación y alentar el desarrollo de iniciativas comerciales desequilibradas.

Una puerta abierta a la redundancia de tareas y a eficacias limitadas.

El grupo confía en sus valores para avanzar en los proyectos, cuando no hay grupo, no hay valores, el proyecto no tiene el empuje necesario. Es conseguir poco con nada, cuando es posible obtener mucho con poco más.

Creo en las virtudes de la potenciación natural del compañerismo, de la cooperación, del trasvase de información equilibrado y en tiempo y de liderazgo humano y consciente de la realidad compleja de las personas.

Personas que, muchas veces, sólo necesitan sentirse útiles, que su trabajo tenga sentido, que les devuelva identidad profesional.

La humanidad de las empresas comienza con los valores de sus trabajadores. Con la inteligencia emocional corporativa.