vaticano.jpgLa naturaleza del Estado del Vaticano, mitad país, mitad entidad supranacional, parte ONG, parte empresa, le convierte en un pequeño problema para las naciones que guardan por cuestiones históricas una relación muy intensa con la Iglesia Católica. Sin salirnos del campo estríctamente económico claro está.

Es perfectamente entendible que la enorme cantidad de propiedades que ostenta la Iglesia, las cuales tienen un valor cultural incalculable, necesita de apoyos para su salvaguarda, mantenimiento y restauración por lo que es normal que los diferentes estados contemplen esta eventualidad en cuanto a subvenciones y ayudas de diversa índole a cambio, supongo, de su disfrute general.

También entra dentro de la responsabilidad pública que los religiosos y religiosas que realizan labores sociales de enorme calidad perciban a su vez una compensación y coberturas sociales dignas y que además vayan más allá del pecunio eclesiástico puesto que su tarea se extiende más allá del ámbito meramente canónico. Y creo que hasta aquí e incluso con otras cuestiones que ahora mismo se me escapan no debe existir problema en cuanto a las normativas de superior nivel, es decir, con la Unión Europea.

Pero es de temer que bajo el manto de justas reivindicaciones y pertinentes acciones de reconocimiento se hayan colado, por acción u omisión, otros beneficios en forma de ayudas encubiertas, con curioso protagonismo hacia el mercado inmobiliario e inversor, que no sólo no disfrutamos el resto de ciudadanos, físicos o jurídicos, sino tampoco otros países  o entidades. Y sobre ello va a venir una investigación de la Comunidad Europea que empieza pidiendo información y acabará, tras paso por el Tribunal de Estrasburgo es de prever, después de bastantes años pero con bastante claridad y sentando las bases de funcionamiento cara al futuro.

Hay cierta colisión entre la solidaridad que los proyectos humanos merecen y el factor de igualdad impostiva y de trato que todos merecemos. Ni más ni menos.

En todo caso hay que admirar la capacidad de negociación y los resultados que suele conseguir la Iglesia Católica, darían más de una lección a altos directivos de muchas compañías. Aunque luego haya lío.