En España, al margen de ideologías a favor o en contra de la tauromaquía, la industria taurina siempre ha sido un filón para la economía, aglomerando a miles de personas en sus plazas y encierros. Sin embargo, los tiempos que corren no son nada favorables para los toros, de hecho, o se moderniza y estructura económicamente, o seguramente veamos en muy pocos años la extinción de esta fiesta o festejo típico en España.

El contexto social y económico ha sido muy perjudicial para esta industria, ya que es un hecho que el espectáculo taurino ha perdido popularidad en la sociedad española, los movimientos antitaurinos cada vez son más notables, cosa impensable hace unos años. Si además de eso, le sumamos la crisis económica en la que está inmersa nuestro país, el futuro no augura buenos resultados.

Carteles antitaurinos
Carteles antitaurinos

En tema económico, para el Estado siempre ha sido una industria que ha generado mucho beneficio, el año pasado por ejemplo, el Estado recaudó 25 millones en concepto de IVA y para la sociedad, una semana de toros supone un inmenso turismo, generándose alrededor de 5 millones por cada semana de toros en eventos grandes por supuesto. Sin embargo, las cifras son muy inferiores a las de hace una década, con un bajón del 12,11% de ingresos ¿por qué? a parte de de la perdida de popularidad masiva, hay que decir que los precios siguen siendo muy altos, por lo que lo lógico, sería adecuar los precios a la demanda.

toroo

La Administración ha apoyado la industria taurina aprobando el Plan Nacional de Tauromaquía, con una mejora del marco fiscal y cpn una elaboración de un código de recomendaciones para reactivar el sector. Aún con esas, las previsiones no son muy buenas, y es que la oferta cultural y de ocio ha crecido mucho en cantidad y en variedad, en detrimento de las corridas de toros, que muchos ven como algo antiguo y arcaico.

Los problemas van más allá, con un aumento de los costes fijos de celebración, además de problemas de carácter interno como las múltiples quejas de los ganaderos que siguen cobrando miseros salarios.

No sabemos que pasará finalmente, pero la presión social puede acabar con este negocio milenario, la fiesta necesita un rediseño de su estructura de costes y un cambio en el festejo, que lo vuelva más atractivo y menos reticente a la población.