lowcost.jpgUna de las ventajas de las modas es que se detectan fácilmente, crecen a nuestro alrededor haciéndose identificables despúes cada uno hace lo que quiere pero con plena información, no nos engañemos. La tendencia del low cost, coste bajo en castellano, se ha implantado y generalizado desde su explosión a partir de las líneas aéreas que primero adaptaron esta etiqueta. Ahora esta manera de proveer de bienes y servicios alcanza desde la eléctronica de consumo hasta los servicios jurídicos. Ha triunfado aunque muchas veces se vende bajo esa denominación lo que sólamente aparenta serlo. La siguiente cuestión a tratar proviene de su permanencia en el tiempo, es decir, de saber si se extenderá al largo plazo o bien si tras un crecimiento importante al calor de las actuales apreturas del bolsillo desaparecerá, permanecerá  o se volverá marginal.

No es cuestión de ejercer cualidades adivinatorias sino solamente augurar futuras tendencias de consumo sobre todo desde el lado de la demanda. Quizá una de las lecciones que el individuo obtiene de los malos momentos consiste en valorar más lo que ha estado en peligro, extendido al campo económico cada vez ponemos más acento en sacar el máximo rendimiento al bien escaso: el dinero. Cabe pensar por tanto que el modelo de bajo coste ha llegado para quedarse aunque limitado y no extendido como parece estar ocurriendo, cada vez se usará más esta fórmula en cuanto a aquellos bienes y servicios que nos aportan menor valor añadido segmentando nuestras compras en función de nuestras preferencias y usos.

Sin embargo, cuesta creer que se imponga como modelo único ya que la aproximación del precio venta al público al coste casi real del producto tiene un límite, no es totalmente flexible a la baja por mucha externalización, relocalización y maximización de recursos que se quieran aplicar. Existirá un mercado bastante low cost pero mezclado con una oferta más tradicional que aporte más calidad cuidando, eso sí, el precio.

A la vista de la cantidad de sectores que se abren a ofrecer el mínimo coste también hay que preguntarse cómo no se eligió antes un modelo intermedio. Margen operativo había, ¿o no?.

Enlace: El País.