trichet.jpgUno de los axiomas de la política monetaria tradicional, cuando las monedas fluctuaban más o menos líbremente, rezaba que debía ser sorpresiva con el motivo de evitar que los agentes descontaran las medidas antes de tiempo y que éstas no surtieran, en su caso, el efecto deseado. Por eso las devaluaciones se anunciaban por sorpresa y tenían ciertas consecuencias.

Los tiempos han cambiado, siempre opino que para mejor, y ahora las políticas y decisiones sobre el mercado monetario suelen tener un calendario anunciado en cuanto a fechas y sentido de las mismas. Se trata de cambiar los parámetros ya que los Bancos Centrales optan por no competir sino por ayudarse de tal modo que la transparencia gana la batalla y así los agentes económicos e inversores tienen mejores bases para tomar sus iniciativas.

El BCE, de boca de su presidente Trichet, apuesta por mantener su política de aumento de tipos pese a la crisis crediticia y las sucesivas inyecciones de liquidez, también anunciadas, que se están dando en el sistema. Ambas decisiones para contrapuestas, ¿por qué se fomenta la liquidez en un mercado afectado por tensiones inflacionistas lo que provocará, a su vez, una subida de tipos?, ¿no sería más lógico mantener o incluso bajar el precio del dinero?. Seguramente no porque los fondos extras que se están suministrando intentan contener una situación coyuntural y volátil mientras que la política de tipos debe ser contemplada a largo plazo.

Quizá la crisis suavice la tendencia al alza del interés pero es poco probable a corto plazo mientras no se corrija la inflación. Ya hay un campo en el que trabajar.