ratatouille.jpgQue conste antes de nada que no he visto la película por lo que me baso únicamente en la breve sinópsis que cualquiera conoce: la historia de una rata que viaja a París para convertirse en el mejor chef del mundo. Hablo de Ratatouille, claro. Pero me sirve para la reflexión que me planteo y que me gustaría compartir con vosotros.

Y es que no produce extrañeza que el roedor elija como destino culminante de su pasión la capital francesa y quizá este simple aspecto, a través de una película de animación paradójicamente, debiera servir de motivo de reflexión a quienes desarrollan su actividad culinaria en nuestro país.

Sin caer en tentaciones localistas considero que la cocina española está en la vanguardia mundial, dispone de materias primas de primera calidad, de talento a raudales a base de cocineros pioneros y atrevidos, así como que ha surgido a nivel popular el interés por el buen paladar. Ingredientes hay de sobra pero falta una pista de despegue que “robe” de manera efectiva y mediática el papel que tiene Francia en tareas culinarias como la tiene Milán en cuanto a moda y estilo. Quizá estemos abocados a ser segundos en algo más que en fútbol.

En definitiva, podemos echar en falta una especie de “marca” que aglutine, identifique y dé marchamo de calidad y prestigio a este sector que tanto se está moviendo últimamente en cuanto a negocio e inversiones. Y un líder también que no se prodigue tanto y que cree escuela. No parece tan complicado.