equilibrista.jpgEl ejercicio del equilibrismo consiste, principalmente, en no mirar al suelo por muy fuerte que sea la tentación de hacerlo o que el instinto natural necesite hacerlo y “tire” de nosotros hacia esa falsa seguridad, dadas las circunstancias, de saber dónde está el límite de nuestra propia existencia.

La persistencia del Banco Central Europeo a cambiar el signo de los tipos de interés, sin decidirse a subirlos o bajarlos de momento, tiene como motivación el fantasma de la aparición de una situación paradójica de por sí y de complicada solución, la estanflación, es decir, el estancamiento económico con inflación. Quizá sea éste el peor panorama para una autoridad monetaria ya que si bien en cuadros de crecimiento con alzas generalizadas de los precios o bien si hay recesión con decrecimiento inflacionista, las recetas casi son automáticas (alzas y rebajas de tipos respectivamente), cuando la estanflación se apunta en el horizonte ya no hay mecanismos de acción inmediatos y los gobernadores de los bancos centrales han de soportar presiones de tipo, económicas y políticas, como nunca.

Suele ser fácil plantear que la obligación de la política monetaria consiste en controlar la inflación pero hay que decir que no sólo eso, también debe procurar que el crecimiento exista y sea equilibrado. El suelo es la estanflación mientras que un euro fuerte, por un lado, y la tensión inflacionista, por otro, están manteniendo al equilibrista sobre el alambre. Ahora sólo queda dar un pasito tras otro sin mirar abajo.