Las compañías aseguradoras empiezan a ponerse las pilas para hacerse entender. Para que el lenguaje de sus pólizas de seguros sea comprensible por los usuarios que contratan sus servicios.

Los textos de las pólizas, como sucede con muchos legales, mantienen terminologías y significados que no están presentes en el uso cotidiano del idioma y que la calle no conoce, ni adivina.

Pero como digo, se comienza a caminar también en la dirección contraria. Así, la compañía Ergo Seguros fue la pionera en España en invertir recursos para reeleborar la semántica de sus pólizas de seguros. Para ganar en precisión, concreción y claridad. La Unión de Consumidores de España (UCE) avaló la iniciativa y el concedió el primer certificado de claridad del sector asegurador, como suena, certificado de claridad.

Al hilo de todo ésto, busco más datos y localizo una encuesta de la UCE sobre el tema y me sorprendo: El 55% de las personas que suscriben las pólizas nunca las leen. El 76% de los consultados, se defiende diciendo que no las entienden y el 61% que el lenguaje utilizado es poco claro.

Algunos de los inconvenientes que tienen los usuarios para comprender el alcance de las coberturas de sus pólizas de seguros están bajo el epígrafe de desastres naturales, que, desde mi punto de vista, ofrece visiones apocalípticas que un ciudadano medio de este pais no tengo claro que sepa a que se refiere.

Pero, los británicos lo tienen más complicado. No es broma. Sus pólizas de seguros hacen referencia a ‘acts of God’, que podría traducirse por los ‘actos de Dios’ o ‘de la mano de Dios’. Aún más inquietante y mucho menos concreto.

En la póliza de seguro de mi coche, por ejemplo, se puede leer que no se consideran daños avalados por las coberturas ‘aquellos generados por las alteraciones de la materia’.

Mi sentido común dice que debe referirse a los efectos de un desastre nuclear, lo que podría hacer una bomba atómica con mi automóvil. Pero si os fijáis bien, también a las consecuencias de tomarme un polo de hielo sentado en el interior del vehículo. Si Dios quiere, claro.