Llega la Navidad y en esta época suelen freirnos a reposiciones de películas que por muy buenas que sean acaban aburriendo y nadie les presta atención. Pero algunas guardan lecciones impagables. Me refrescó la memoria la sección de Negocios de El País este domingo y aunque he visto el film varias veces no había llegado a encardinarlo en su justo lugar hasta ese momento.

¡Qué bello es vivir! versa sobre la esperanza con un trasfondo netamente financiero y económico. Hay un momento culminante en el que se dispara el pánico y eso puede llevar al traste muchas cosas que de otro modo no hubieran sucedido. El personaje interpretado por James Stewart, George Bailey, gerencia una cooperativa de crédito destinada a dar fondos a las personas sin apenas recursos para comprarse una vivienda. Quizá os suene a hipotecas subprime y será cierto pero la diferencia estriba en que el bueno de George no especula con ello ni lo vende en paquetes sofisticados.

Sin embargo, cuando se desata el miedo por causas que no vienen al caso (recomiendo que veáis la película) el pequeño sistema que funcionaba bien está a punto de quebrar. El final es feliz porque no hubo ingeniería financiera ni nadie prestó atención a los especuladores que acechaban la ruina ajena (oído cocina). Me parece una buena alegoría.

De todo se aprende, en todo hay trasfondo.