¿Qué pasa si se produce un atentado terrorista y tiene que suspenderse un acto, un concierto multitudinario, para el que había vendidas miles de entradas?

La respuesta es que, si no se llega al acuerdo de aplazar el evento y emplazarlo en otra fecha, se devuelve el dinero que se había recaudado.

Pero ¿quién paga a los afectados? El seguro. Los seguros especializados, para casos concretos, para situaciones especiales, cubren este tipo de contingencias.

Los eventos se suspenden y no hay pérdidas económicas, si los convocantes han suscrito una de esas pólizas con las compañias aseguradoras que las promueven. Se trata de los seguros contra la suspensión de eventos.

Las pólizas contra la suspensión de eventos incluyen motivos para anularlos que van desde una amenaza de bomba, o el luto nacional producido por una catástrofe, a la incomparescencia de los cantantes, pero también a su afonía, a cualquier tipo de accidentes o enfermedad que les separe del escenario y les acerque a la cama y a la convalescencia.

Las pólizas contra la suspensión de eventos no aseguran ninguna parte del cuerpo del artista, sino cualquier contingencia que le impida desarrollar sus planes para liderar el evento. Entre ellas, lluvias, nevadas, vientos y pedriscos, y, si se quiere, terremotos y todo lo que quepa en una póliza.

Se trata del mismo interés que tiene el profesional por cuidar su imagen y sus capacidades, pero vistas desde el lado de la empresa que produce o gestiona el evento. Cuidar de que todo salga como está previsto, o en su caso que unas pocas personas no pongan en riesgo los beneficios económicos ni la imagen de los organizadores.

Pero ¿cómo se mide el precio de la póliza? Pues se coteja de acuerdo con los ingresos potenciales del evento y con el nivel, el llamado caché del artista. No es lo mismo la suspensión de una tienta de vaquillas que la actuación de Paulina Rubio.

Pólizas contra la suspensión de eventos, salvavidas para las productoras.