El Fondo Monetario Internacional es un organismo que vela, vigila, recomienda e impone políticas económicas que suelen ser el equivalente a la amputación como método para sanar una herida. Su sesgo de una economía conservadora se impone desde su presidencia misma: siempre ha tenido como cabeza a un europeo, mientras que el Banco Mundial elige a un estadounidense, en una repartición de la supervisión de la economía global que se parece mucho al reparto de la tarta tras la Segunda Guerra Mundial.

Aunque resulta novedoso e inédito que su jerarca se va reducido al papel de un abusador sexual, la salida de Strauss-Kanh está lejos de ser el terreno para una renovación, ni en las formas ni en los hechos. Como muestra un botón: su reemplazo será un europeo o no será.

Aunque se ha recalcado una y otra vez el papel de las economías emergentes en la nueva economía global, y el FMI ha demostrado su incompetencia en la Crisis del 2008 y en los rescates europeos (sus medidas sólo han recrudecido la atmósfera de indefensión en Portugal y han llevado a Grecia a solicitar un segundo rescate), el Fondo no cambia, y colocará (sin duda) a un europeo como su rostro visible. Según los vaticinios, las fichas ni siquiera se moverán de país, y la elegida será la ministra de Economía francesa, Christine Lagarde.

Alabada por su pulso en la crisis de la eurozona, es de esperar que la Lagarde cotinúe con la línea de su antecesor, excepto por la contratación de prostitutas de lujo y la violación camareras. Nuestra vicepresidenta económica apoya su candidatura, por ser “europea y mujer”.

Salgado cree que no hay suficientes mujeres a frente de organismos. Nosotros creemos que se necesita menos buen rollito y más renovación económica, pero son ideas, nada más.

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