Antiguo empleo

Hace no mucho habíamos escrito un artículo en el que hablábamos un poco acerca de aquellas actitudes de los trabajadores que, de alguna manera, le mostraban a sus superiores que ellos tenían intenciones de abandonar la empresa en la que trabajaban. Pues bien, vamos a analizar ahora lo que sucede con quienes quieren volver a su antiguo puesto porque el nuevo no les ha sentado tan bien como creían.

Lo primero que vamos a mencionar es que este tipo de situaciones es una de las más comunes, y por eso siempre lo más aconsejable es intentar irnos por la puerta grande de nuestro antiguo empleo. El caso es que cuando uno decide cambiar de empleo, casi siempre lo hace por cuestiones económica, y al llegar al nuevo puesto puede darse cuenta de que, en efecto, trabaja mucho más tiempo y ni siquiera está más feliz.

Volver al antiguo empleo, o al menos intentarlo, es tan antiguo como las primeras empresas del mundo, y más allá de la sensación de fracaso que sienten algunos, no se trata de una situación nada desechable, sobre todo en el actual contexto en el español, en el que quien tiene trabajo debería sentirse halago, y quien puede elegir entre dos, pues es todo un afortunado.

Claro, seguramente si estés debatiéndote en esta idea pensarás que lo que considera acerca tuyo tu jefe puede ser importante. Aunque no lo creas, muchos de ellos tienen mejores opiniones acerca de los empleados que han intentado algo mejor y han vuelto, que de aquellos que se quedan cómodos en su sitio. Incluso, el caso de regresar hablar de una importante sinceridad, y de aceptar que el empleo “no estaba tan mal”.

De todos modos, y siempre y cuando quieras evitarte el mal trago, lo que puedes hacer es tomarte algunos días de licencia, probablemente perdiendo jornadas de vacaciones, y dedicarte en ellos a hacer una prueba en el nuevo empleo, para saber si realmente te sentirás más cómodo allí, o si estás bien en tu sitio.