ristomejide.jpgY que hace uso de los programas de descarga vía internet o del top manta en lugar de premiar la “excelencia” musical comprado los cedés o deuvedés que gentilmente nos ponen a disposición. De lo contrario, argumentan, se acabará la cultura y con ella la música. Aún creyéndome estos seudoargumentos, que no lo hago, firmaría la sentencia de muerte ahora mismo pero sólo de esos “productos” que nos quieren vender. Qué gente.

El masoquismo se manifiesta de muchas maneras y en este caso ha sido a través del visionado de la última edición de OT. No quiero justificarme pero espero que me creáis si os digo que lo he hecho pensando que podría aprender algo, alguna lección que llevarme a la boca en cuanto a descubrimiento, gestión y prefeccionamiento del talento.

Craso error, en todo caso he concluido que a menudo el nivel está más bajo de lo que uno podría soñar y que las ideas preconcebidas tienen una importancia capital en la toma de decisiones como lo demuestra que haya ganado quien ha demostrado menos talento y cualidades de entre los finalistas, como mínimo, pero que sin embargo se ha convertido en eje central y elemento diferenciador, que no diferente.

Traslademos la situación a una empresa e imaginemos que se dilucida un posible ascenso y que el elemento o factor decisorio no es el talento, la capacidad o los méritos sino quién es “más diferente” o quién personifica mejor la idea de “producto”. Seguramente pensaríamos que hay que centrar el debate en qué se busca y qué se necesita para el puesto, haciendo caso de cuantas más variables objetivas mejor.

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Por desgracia lo sucedido en el concurso-reality no es ajeno a la realidad y suelen triunfar y pesar mucho los asuntos extralaborales. Y si existe el Risto Mejide de turno no te digo nada.

Qué mal está el asunto.

Enlace: Público.