Europa ante el exceso verde de China: paneles baratos o industria propia

China no está fabricando demasiada tecnología limpia porque se haya equivocado de sector. La está fabricando porque su política industrial ha llevado la lógica de la oferta hasta el límite. El resultado ya no es solo una ventaja competitiva frente a Europa, sino una sobrecapacidad tan grande que empieza a poner en cuestión la respuesta europea: ¿hay que competir fabricando lo mismo o aprovechar el desplome de precios para acelerar la electrificación?

Un nuevo working paper de Bruegel, firmado por Alicia García-Herrero y Haoxin Mu, pone cifras a un problema que ya se veía en el mercado solar, pero que pocas veces aparece con tanta claridad. China fabrica el 92 % de los módulos solares y el 82 % de los aerogeneradores del mundo. En solar, su capacidad de fabricación se multiplicó por seis o siete entre 2020 y 2024, hasta situarse en torno al doble de la demanda mundial anual de nuevas instalaciones.

La consecuencia ha sido una guerra de precios que ya no parece coyuntural. Entre 2023 y 2025, el valor de las exportaciones chinas de módulos fotovoltaicos cayó más de un 40 %, mientras los volúmenes aumentaron alrededor de un 60 %. Traducido al mercado: los precios de exportación se redujeron en torno a dos tercios. El deterioro financiero ha sido igual de brusco. Según Bruegel, la rentabilidad sobre recursos propios del sector solar chino pasó de cerca del 25 % en 2022 a alrededor del -5 % en 2024.

El cuello de botella no está en las fábricas

El caso chino suele contarse como una historia de dominio manufacturero. Y lo es. Pero el paper de Bruegel subraya otra lectura más incómoda: China ya no tiene un problema de fabricación, sino de demanda y absorción. Ha construido una capacidad industrial capaz de suministrar una parte enorme de la transición energética global, pero la demanda real, dentro y fuera del país, no crece al ritmo suficiente para sostener esa estructura.

La paradoja aparece dentro de China. Las renovables representaban cerca del 47 % de la capacidad eléctrica instalada del país en 2025, pero solo alrededor del 22 % de la generación. Parte de la explicación está en la intermitencia, pero también en una red que no ha avanzado al mismo ritmo que la instalación de parques solares y eólicos. La generación renovable se concentra en buena medida en el oeste del país, mientras la demanda industrial está en el este. Sin redes de muy alta capacidad, una parte de esa electricidad queda desaprovechada o se ve limitada por vertidos.

Pekín ha respondido con inversión en infraestructura. State Grid prevé aumentar su gasto de capital un 40 % en cinco años y se han publicado estimaciones de inversión en red cercanas a los 574.000 millones de dólares entre 2026 y 2030, unos 500.000 millones de euros al cambio aproximado. Es una cifra enorme, pero Bruegel concluye que no basta para resolver el problema industrial de fondo.

El análisis de escenarios es claro. Si la mejora de la red adelanta demanda, puede aliviar el mercado en el corto plazo, especialmente en eólica. Pero después de 2030 la utilización de las fábricas volvería a caer. En un escenario más favorable, con un aumento estructural del 20 % de la demanda renovable, la situación mejora, aunque la fabricación solar seguiría muy por debajo de niveles financieramente viables. La sobrecapacidad no es un bache del ciclo. Es una característica del modelo.

El dilema europeo: autonomía o coste

La pregunta para Europa es directa. El Net-Zero Industry Act aspira a que la capacidad manufacturera europea en tecnologías limpias se acerque o alcance al menos el 40 % de las necesidades anuales de despliegue de la Unión en 2030. El objetivo tiene una lógica política comprensible: reducir dependencias, recuperar industria y evitar que la transición energética europea se apoye casi por completo en tecnología importada.

El problema es elegir dónde competir. Subvencionar fabricación europea de células y módulos solares para enfrentarse de frente a una industria china sobredimensionada, con márgenes negativos y respaldo público, puede acabar convirtiéndose en una transferencia del contribuyente europeo a una capacidad que difícilmente podrá sostenerse sin protección permanente.

No es lo mismo fabricar componentes críticos con diferenciación tecnológica que producir un bien cada vez más comoditizado en mitad de una guerra de precios. En el primer caso puede haber valor añadido, aprendizaje industrial y empleo cualificado difícil de reemplazar. En el segundo, Europa corre el riesgo de llegar tarde a una carrera en la que el líder ya está dispuesto a perder dinero.

El argumento de la autonomía estratégica, aun así, no debe descartarse. La experiencia del gas ruso dejó una lección clara: depender en exceso de un proveedor externo en un sector crítico puede salir caro cuando cambian las condiciones políticas. En energía limpia, una dependencia total de China también tendría riesgos. Pero esa cautela justifica una capacidad mínima, selectiva y orientada a segmentos sensibles, no necesariamente replicar el 40 % de la cadena solar en el tramo más expuesto a precios hundidos.

Aprovechar el precio y mover la industria al cuello de botella

La oportunidad europea puede estar en otro punto de la cadena. Si China está vendiendo paneles por debajo de lo que sería sostenible para su propia industria, Europa puede acelerar despliegues solares, abaratar la descarbonización y liberar recursos para los verdaderos cuellos de botella: redes eléctricas, almacenamiento, electrónica de potencia, gestión de la demanda, bombas de calor, electrificación industrial y software de operación.

El kit barato no resuelve por sí solo la transición. Un panel barato no sirve de mucho si no hay conexión, permisos, capacidad de red, flexibilidad o demanda electrificada suficiente para absorber esa generación. Ahí Europa sí tiene margen para construir industria, conocimiento y servicios con más valor. También es donde la competencia china no se expresa de la misma forma que en los módulos fotovoltaicos.

El principio debería ser de coste neto cero. Cada euro dedicado a proteger o subvencionar fabricación local tendría que retirar un coste equivalente en otro lugar: menor riesgo de suministro, mayor resiliencia, empleo industrial defendible, reducción de dependencia en un componente crítico o ventaja tecnológica real. Si no supera ese filtro, la política industrial se convierte en una factura recurrente.

La lectura más incómoda del informe de Bruegel es que China puede estar subvencionando, de forma indirecta, parte de la transición energética europea. Si sus empresas venden por debajo de coste y soportan rentabilidades negativas, el consumidor europeo recibe equipos más baratos. Europa no tiene por qué responder siempre levantando capacidad equivalente. Puede comprar barato donde el producto sea commodity y reservar capital público para los puntos donde sí se decide el valor de la electrificación.

El error sería confundir autonomía con réplica completa de la cadena. La autonomía útil no consiste en fabricar todo, sino en saber qué partes no se pueden perder, qué dependencias son tolerables y dónde una subvención genera una capacidad que seguirá teniendo sentido cuando desaparezca la ayuda. En solar, esa distinción es más importante que nunca.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el problema de China en energía limpia?
China ha construido una capacidad de fabricación muy superior a la demanda actual. Esto ha hundido precios y márgenes, sobre todo en el sector solar.

¿Por qué caen tanto los precios de los módulos solares?
Porque la oferta china supera con claridad la demanda mundial anual. Entre 2023 y 2025, el volumen exportado subió mientras el valor total cayó, lo que implica una fuerte reducción de precios.

¿Tiene sentido fabricar paneles solares en Europa?
Puede tener sentido en segmentos concretos por autonomía estratégica, pero competir de forma masiva en módulos comoditizados contra una sobrecapacidad con pérdidas puede salir muy caro.

¿Dónde debería centrar Europa su política industrial?
En redes, almacenamiento, electrónica de potencia, gestión de demanda y electrificación. Son áreas donde hay cuello de botella real y más margen para crear valor industrial.

vía: Linkedin

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