Hay fondos de inversión que no solo acumulan rentabilidad. También acumulan historia. El caso del MFS Massachusetts Investors Trust, nacido en 1924 y considerado uno de los primeros fondos abiertos modernos de Estados Unidos, sirve para mirar un siglo de bolsa norteamericana desde una perspectiva poco habitual: la de un vehículo que ha atravesado la Gran Depresión, varias guerras, inflación, crisis energéticas, burbujas tecnológicas, la crisis financiera de 2008, la pandemia y el auge actual de la inteligencia artificial.
ElEconomista recordaba estos días que algunos fondos de bolsa estadounidense accesibles para inversores europeos se acercan ya al siglo de vida. Entre ellos aparecen nombres como MFS Massachusetts Investors Trust, Amundi Funds US Pioneer Fund o Capital Group Investment Company of America. Son productos que nacieron en una época en la que invertir en bolsa era mucho menos accesible para el pequeño ahorrador y que ayudaron a abrir una puerta: participar en el crecimiento empresarial de Estados Unidos sin tener que seleccionar acciones una a una.
El dato tiene interés por sí mismo, pero también permite revisar una vieja discusión que sigue muy viva: gestión activa frente a indexación. Durante décadas, la promesa de muchos fondos activos fue sencilla de entender: un equipo gestor profesional selecciona compañías, evita errores del mercado y trata de batir al índice. La indexación, en cambio, planteó algo casi provocador: en lugar de intentar ganar al mercado, comprarlo entero a bajo coste.
De los fondos pioneros al experimento de Vanguard
El Massachusetts Investors Trust nació en 1924 con una idea que hoy parece obvia, pero entonces no lo era tanto: un fondo gestionado profesionalmente y abierto, donde los inversores pudieran entrar y salir con más facilidad que en los fondos cerrados de la época. MFS sitúa el origen de este producto en 1924 y su clase actual declara una fecha de inicio del 15/07/1924.
Ese tipo de fondos permitió a muchos inversores participar en la economía norteamericana sin depender únicamente de bancos, corredores o carteras concentradas. Al principio, las carteras reflejaban una economía dominada por ferrocarriles, utilities, industria y consumo clásico. Con el tiempo fueron incorporando salud, tecnología, globalización, servicios financieros, software, semiconductores y ahora empresas ligadas a la IA.
La gestión activa tiene ahí su mejor argumento histórico: un buen equipo puede adaptarse a los cambios de una economía que no se parece en nada a la de hace cien años. Las empresas que movían Estados Unidos en 1924 no son las mismas que explican el S&P 500 actual. Sobrevivir como fondo durante un siglo exige cambiar, vender, comprar, asumir errores y no quedarse atrapado en el pasado.
Pero en 1976 llegó una idea que alteró esa lógica. John C. Bogle lanzó el Vanguard 500 Index Fund, originalmente First Index Investment Trust, el primer fondo indexado disponible para inversores individuales. Vanguard recuerda que se lanzó el 31/08/1976 y que permitió al inversor particular acceder a una estrategia hasta entonces reservada sobre todo a instituciones: replicar el mercado, diversificar mucho y pagar costes bajos.
En su momento, la idea fue recibida con escepticismo. Para parte de Wall Street, renunciar a seleccionar ganadores parecía casi una confesión de derrota. Bogle defendía justo lo contrario: que para la mayoría de inversores era más sensato capturar la rentabilidad del mercado con costes mínimos que intentar batirlo pagando más por el intento.
La tortuga que empezó a escaparse
Comparar un fondo activo centenario con un índice amplio como el S&P 500 no es perfecto. Las clases, comisiones, divisas, fiscalidad, reinversión de dividendos y disponibilidad para el inversor europeo pueden cambiar mucho el resultado. Pero como ejercicio mental resulta útil.
La indexación no necesitó demostrar que siempre gana. Le bastaba con demostrar algo más incómodo para la industria: que muchos fondos activos no baten de forma consistente a su índice después de costes durante periodos largos. El debate no nació con los ETF, ni con las redes sociales financieras, ni con la popularidad reciente de los fondos indexados. Viene de lejos.
El primer gran golpe fue el fondo de Vanguard. El segundo, la llegada de los ETF. El SPDR S&P 500 ETF Trust, conocido por su ticker SPY, se lanzó en enero de 1993 y State Street lo presenta como el primer ETF cotizado en Estados Unidos.
Con SPY, la indexación se volvió todavía más líquida, visible y fácil de negociar. Ya no era solo un fondo tradicional; era un instrumento cotizado durante la sesión bursátil, con acceso directo al S&P 500 y costes relativamente bajos. A partir de ahí, la gestión pasiva dejó de ser una rareza académica para convertirse en una de las fuerzas más importantes de la inversión moderna.
Warren Buffett resumió muy bien esa admiración por Bogle en su carta anual de 2016. Escribió que, si alguna vez se levantaba una estatua para honrar a quien más había hecho por los inversores estadounidenses, la elección debería ser Jack Bogle.
La frase tiene peso porque Buffett no es precisamente un inversor pasivo. Es uno de los grandes símbolos de la selección activa de compañías. Pero también ha defendido durante años que la mayoría de inversores no necesita encontrar al próximo Berkshire Hathaway, sino evitar costes excesivos, mantener disciplina y exponerse de forma diversificada al mercado.
Lo que la historia enseña, y lo que no
Los fondos centenarios tienen un valor que no se puede medir solo por la rentabilidad reciente. Son testigos de cómo cambia el capitalismo. Un producto que ha sobrevivido desde 1924 ha visto empresas nacer, dominar y desaparecer. Ha visto sectores enteros perder peso y otros convertirse en el centro de la economía. También ha visto modas de inversión repetirse con nombres distintos.
Pero esa longevidad no garantiza superioridad futura. Del mismo modo, la indexación no garantiza buenos resultados en cualquier plazo. Un inversor que compra un índice amplio sigue asumiendo riesgo de mercado, caídas profundas, largos periodos de frustración y concentración creciente si unas pocas compañías pesan demasiado en el índice.
La diferencia está en la promesa. La gestión activa promete criterio, selección y capacidad de hacerlo mejor que el mercado. La indexación promete humildad, costes bajos y exposición amplia. Ambas pueden tener sentido para distintos perfiles, pero no deberían venderse como dogmas.
Para un inversor español o europeo, además, la comparación exige mirar detalles prácticos. No todos los fondos estadounidenses están disponibles en Europa por regulación. Muchos productos tienen versiones luxemburguesas o clases UCITS, con comisiones, divisa y fiscalidad distintas. Y los ETF estadounidenses como SPY no siempre son accesibles directamente para inversores minoristas europeos bajo la normativa actual de productos empaquetados.
Por eso la pregunta útil no es solo “qué habría pasado si”. También es “qué podía comprar realmente un inversor en cada momento, con qué costes, con qué fiscalidad y con qué información”. La historia de la inversión está llena de gráficos que parecen evidentes a posteriori y decisiones que, en su momento, no lo eran tanto.
Bogle, los fondos activos y una lección de humildad
La comparación entre un fondo activo histórico y la indexación deja una enseñanza sencilla: el tiempo es el juez más duro en inversión. A corto plazo pueden ganar muchos estilos. A largo plazo, los costes, la disciplina, la diversificación y la permanencia pesan muchísimo.
Bogle no eliminó la gestión activa. Tampoco demostró que todos los gestores fueran inútiles. Lo que hizo fue cambiar el punto de partida. Antes, el inversor debía justificar por qué no pagaba a un gestor para intentar batir al mercado. Después de Vanguard, cada vez más debía justificarse por qué pagaba de más si podía comprar el mercado entero de forma barata.
Los fondos centenarios recuerdan que la gestión activa ha tenido un papel importante en la democratización de la inversión. La indexación recuerda que la simplicidad puede ser una ventaja competitiva. Entre ambas historias hay un debate que seguirá abierto, aunque sus argumentos principales lleven décadas sobre la mesa.
Mirar 100, 50 o 30 años de datos ayuda a entender el pasado. No dice qué ocurrirá en los próximos 25, 50 o 100. La bolsa estadounidense ha sido una máquina extraordinaria de creación de riqueza, pero su éxito histórico no es una garantía matemática. Ese es quizá el mejor cierre posible: usar la historia como referencia, no como promesa.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es uno de los fondos de inversión más antiguos del mundo?
El MFS Massachusetts Investors Trust, con origen en 1924, suele citarse entre los primeros fondos abiertos modernos de Estados Unidos.
¿Cuándo nació el primer fondo indexado de Vanguard?
El Vanguard 500 Index Fund nació el 31/08/1976 como First Index Investment Trust, impulsado por John C. Bogle.
¿Qué fue SPY?
El SPDR S&P 500 ETF Trust, lanzado en enero de 1993, fue el primer ETF cotizado en Estados Unidos y replica el comportamiento del S&P 500 antes de gastos.
¿La gestión pasiva siempre gana a la activa?
No siempre y no en todos los periodos. Su ventaja histórica suele estar en los costes bajos, la diversificación y la dificultad de muchos fondos activos para batir al índice de forma sostenida tras comisiones.
vía: eleconomista







