Tras 21 días de bloqueos de carreteras, duros discursos oficiales, enfrentamientos entre camioneros y los simpatizantes del “campo”, y la evidencia de una enorme división entre la población del país sudamericano, los empresarios del agro argentino levantan su “lock out” a la distribución de alimentos perecederos, y abren un paréntesis de 30 días para esta huelga cuestionada y costosa, cuyos efectos en la economía de la región aún están por verse.

El origen del conflicto fue un anunció de un aumento del 10% de las retenciones sobre los ingresos del sector agrícola, que pasarían de un 35 a un 45%.
La puja entre el gobierno de centro izquierda y la patronal agrícola y ganadera (uno de los sectores con mayor rentabilidad en la economía argentina, gracias a lo que se dio en llamar el “boom sojero”) ha degenerado en un desabastecimiento generalizado de alimentos en todo el país, la suba indiscriminada de precios y despidos en las industrias derivadas del agro (500 trabajadores de mataderos y carnicerías ya están en la calle).
Ante su éxito en el mercado extranjero, la soja se convirtió prácticamente en el monocultivo por excelencia en el agro argentino: 80% del suelo agrícola se destina a su siembra. El año pasado se cosecharon 48 millones de toneladas que alcanzaron una cotización de 151 dólares por cada una. El 60% de este mercado se encuentra en manos de grandes monopolios.

El gobierno argentino esperaba ingresar 2.300 millones de pesos con las retenciones fiscales anunciadas. Muchos medios sostienen que el costo económico y social de la crisis ya ha rebasado esa cifra.
Los huelguistas dan un plazo de 30 días al gobierno para las negociaciones. Mientras que en los mercados mundiales el precio de la tonelada de soja se ha depreciado en un 10% y su cotización se ve en riesgo ante el anuncio de los agricultores estadounidense de incrementan en más de 15% la siembra del “cereal milagroso”.

La tregua se da, irónicamente, en el aniversario del inicio de la Guerra de las Malvinas, un conflicto entre la última dictadura y la Inglaterra de la Thatcher por un pequeño archipiélago.

Antes del golpe militar en la década de los setenta, Argentina sufrió tres paros agrícolas similares al que hoy entra en receso.