La conciliación de la vida familiar y laboral es, hoy, no sólo un tema de candente de actualidad, por las múltiples repercusiones que de ella se desprenden, sino una necesidad de las sociedades modernas en la que las familias siguen siendo la base del desarrollo de individuos equilibrados y sanos.

Sin embargo, el matiz está en que estas funciones de cuidado, crianza y trabajo doméstico han venido, tradicionalmente, a englobar el trabajo (no remunerado) que realiza la mujer, relegada al ámbito de lo privado, un trabajo que sabes no termina nunca, es las 24 horas del día, a veces sin siquiera ayuda.

Es, por tanto, hoy el momento de reconocer la función social de la maternidad y la paternidad (desde la perspectiva de que mujeres y hombres son sujetos protagonistas y activos en la consecución de la conciliación), valorando su significado, su repercusión,… y entendiendo, como premisa fundamental, que las personas deben ser, ante todo, los sujetos principales de las políticas, medidas, acciones, que se desarrollen en el seno de una sociedad que debe velar por la integridad física y mental de sus miembros y que debe sostener la unidad familiar, como garante para los ciudadanos, desde una estrategia primordial, transversal y global.

En España hay muchas medidas relacionadas con la conciliación de la vida familiar y laboral, pero esas medidas, a veces, no tienen los resultados que una persona se espera, en cuanto a que no sirven para todas igual (y eso si logran conciliarlo todo).

Teniendo en cuenta también la crisis, muchas personas, al no tener trabajo, tanto hombres como mujeres, están volviendo al planteamiento anterior donde la mujer, o el hombre, se queda en casa a cuidar de los hijos mientras la otra persona se va a trabajar o a buscar trabajo (de esa manera no han de pagar a nadie por el cuidado de sus hijos).