Así de contundente inicio este post, deseo rendir homenaje al grandioso poeta José Hierro (1922-2002), un poeta que parecía de hierro, perteneció a la generación de la posguerra, escribiendo una poesía desarraigada o, existencial. Pepe Hierro siempre decía que “siempre buscando el aire”, primero porque sufrió lo indecible cuando estuvo preso en los años cuarenta, un hombre que amaba y defendía la libertad, se encontró sin aire que respirar, después durante los últimos año de su vida, se vio obligado a llevar el respirador que le juntaba a la vida. En fin un ilustrísimo poeta que durante este mes de abril recibirá homenajes multitudinarios hasta el 14 de diciembre, siete días antes del aniversario de su muerte. Para este post he elegido el título de uno de sus poemas más lindos y que os animo a que lo leáis.

Como hombre y poeta buscador incansable del aire para respirar, aprovecho para reflexionar sobre la necesidad que tenemos los españoles de encontrar también más pronto que tarde un aire que nos permita respirar y vivir la vida con mayor sosiego y esperanza. De ahí que sugiero se propague la idea de construir dos pactos que contribuirían a estabilizar los desequilibrios  políticos y económicos que sufrimos los españoles. Un primer pacto seria la reproducción más o menos parecida sobre aquellos que vivimos en España durante los años de la Transición democrática española, cuando Adolfo Suarez y el gran economista Enrique Fuentes Quintana (1924-2007) fueron capaces de transmitir la compleja realidad económica que España estaba atravesando, dieron la cara en le televisión pública y nos contaron la verdad de la situación. El pueblo lo entendió y refrendó afirmativamente los esfuerzos requeridos para salir de la crisis. Esta fue la filosofía de los Pactos de la Moncloa (1977)

Otro pacto, si cabe más necesario, es el europeo. Con nuestro socios de la eurozona, tenemos una política monetaria común, asimismo también compartimos unos acuerdos fiscales para la estabilización de los desajustes presupuestarios. Ahora es necesario, y con carácter de urgencia, un pacto político, ahora es cuando podemos comprobar si en Europa existen auténticos hombres de estado, capaces de avanzar hacia una unidad política, conseguirlo sería fundamental para no echar por la borda uno de los proyectos más ambiciosos del siglo XX. No es otra idea que luchar definitivamente por una necesaria y mayor integración política, fiscal y financiera. Todo lo que no sea iniciar este modelo de relaciones políticas internas y comunitarias nos podrá llevar a un peligroso retroceso político y social.