dominios.jpgAyer mismo lo pensaba mientras contaban en un informativo televisivo los problemas que ahora se están viviendo en Bélgica que no sólo no pueden formar gobierno sino que incluso está amenazada la unidad nacional. En los últimos años el mapamundi si ha ido complicando a base del nacimiento de muchos países que han requerido la creación de un espacio virtual propio a través de lo que se conoce como extensiones territoriales, las siglas que van detrás del punto cuando denominamos un dominio. Y también se acumulan nuevas extensiones agrupando parámetros de tipo sociocultural, el más reciente la creación del .cat para Cataluña sin que se descarten aún más.

Parece que la norma está siendo la aparición de nuevas denominaciones auspiciadas por el organimo regulador, el ICANN, pero también hay otros dominios que están en peligro de extinción o, simplemente, ya han desaparecido. En este último caso están los asociados a la desaparecida República Yugoslava. En el primer capítulo, que andan en la cuerda floja, se encuentran los dedicados a la URSS, también disgregada pero viva en el espacio virtual.

Si a esto le sumamos que basta que se avive una polémica para que un asunto cobre un interés inusitado entonces es muy posible que las extensiones .su ( de soyuz, unión en ruso) sea muy cotizada e incluso que empiece a crecer. La intervención del ICANN tiene buenos propósitos como es clarificar el panorama pero no deberían ser intervencionistas y dejar que sean los usuarios y los gestores de dominios quienes decidan sobre esta cuestión: si no se usan ni se ofrecen desaparecerán por sí mismos.

Aunque siempre queda la posibilidad de crear un nuevo “mercado” dedicado al coleccionismo de dominios raros, ¿por qué no?.