Esto de la economía financiera nos está costando superarlo, lo que no estamos comprendiendo es la peligrosidad que supone retrasar y retrasar la solución del agujero financiero de los bancos europeos. Jamás podría imaginar que esta tremenda situación de insolvencia bancaria podría ocurrir en el seno de la Unión Europea. Si no ponemos fin pronto a este descalabro financiero, perderemos nuestra posición de privilegio dentro de la irrefrenable reordenación de la geopolítica para los próximos decenios. Uno de los errores más graves y desoladores que se han cometido en Europa es haber marginado el protagonismo de la industria, en su sentido más amplio, desde la manufactura hasta la más sofisticada y vanguardista. Como dice Enzensberger, el origen fue la creación de una comunidad económica, su objetivo no era otro que el intercambio de bienes y servicios entre los miembros fundadores. En aquel entonces a nadie se le ocurría distinguir entre una economía “real” y otra irreal (a saber, la financiera).La comunidad tenía como eje el carbón y el acero, productos de cuyo valor de uso nadie dudaba. Para la nueva clase política ha sido más importante potenciar el mercado de capital, el mercado del dinero, eso de las fábricas ya no era rentable, sobre todo desde la irrupción de China en el escenario mercantil internacional, la globalización era la responsable de todo el desfase comercial. Sin embargo con el intenso desarrollo de la inversión financiera, los derivados, los productos estructurados, los hedge funds, los paraísos fiscales y toda la retahíla de comandos financieros transnacionales era fácil y rápido incrementar las fortunas. Las fabricas pertenecían a una estadio caduco de desarrollo económico. Ahora se ha visto, ante el derrumbe en el corazón del capitalismo que nada era verdad, todo ha sido un mal sueño. El problema adicional para Europa va a ser cómo regula  controla y soluciona el crecimiento del paro ante la inminente vuelta de tuerca de la crisis del sistema.

Europa pide a gritos una nueva generación de políticos y líderes con otra visión de futuro, menos acomodados por los vicios del monstruo deBruselas. Políticos más europeístas, líderes de los pies a la cabeza capaces de impedir que toda la obra de construcción de Europa por aquellos grandes hombres de Estado, se venga abajo de un plumazo. Basta ya de pensar solamente en no abandonar la poltrona, el pueblo europeo debe exigir y reivindicar un nuevo espacio, uno líderes nuevos e imaginativos, bien formados y con ilimitadas dosis de europeísmo que corran por sus venas, de lo contrario lo pasaremos mal y no volveremos a disfrutar del ansiado Estado del Bienestar, nos arrepentiremos. De momento nos mantenemos expectantes ante las elecciones de Grecia. O salimos todos o no salimos ninguno. Dudo que esta clase política posea la suficiente lucidez y capacidad intelectual para superar este difícil momento político, económico y social.

Como señala Santiago Niño Becerra en su libro “Más allá del Crash” sobre esta coyuntura “las caídas de renta en toda Europa serán generalizadas; la salida, entonces, debe ir por el lado de potenciar “áreas económicas” que desarrollen actividades de valor, aunque eso suponga empezar a pensar de un modo realmente distinto al que hasta ahora se ha seguido”