Los tiempos de bonanza económica fueron la época dorada del outsourcing empresarial. Una fórmula de gestión delegada de las actividades de las empresas que las ayudó a ser más rentables, competitivas y, sobre todo, a ganar dinero.

Durante la expansión que acompañó al boom del ladrillo, se externalizaron servicios y se aligeró la carga de trabajo de las plantillas, allí donde las tareas subcontratadas no ponían en cuestión la estrategia de las firmas.

Recuerdo call centers para sostener campañas publicitarias de una marca de cola muy refrescante, servicios de reclamaciones de una red de funerarias bien asentada en todo el país y contratas de contratas de contratas. Todas subcontratas. Todos servicios operados en outsourcing.

El sistema se adaptó a la demanda, como lo ha hecho para el escenario económico de la recesión. El outsourcing se ha redefinido y ahora propone nuevas fórmulas para las empresas.

¿Cómo?, pues aprovechando los recursos tecnológicos aplicados a las soluciones de intercambio de información que demanda las nuevas opciones de negocio.

Se trata de recursos de fácil aplicación e integración, económicos y con un notable crecimiento potencial.

Algo, que traducido al lenguaje de la calle, significa, por ejemplo, pagos y cobros seguros mediante terminales de móvil y gestión eficiente de recursos desde plataformas online.

Como pueden ser las relacionadas con la logística, la geolocalización o el reparto de tareas entre centros de trabajo separados físicamente. Intranets con valores añadidos.

Los laboratorios de las multinacionales de la tecnología trabajan sobre las tendencias del nuevo outsourcing.

Tienen la forma de los últimos terminales móviles compatibles, la de los libros electrónicos que nos ayudarán a hacer la compra desde casa, la de los coches inteligentes que se aparcan solos o la de las tarjetas de visita que hablan de nosotros y se comunican con todos.

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El outsourcing más ‘cool’ se pasa a la tecnología de vanguardia.