Las compañías aseguradoras consideran a los conductores de automóviles jóvenes y noveles como usuarios de riesgo.

La respuesta de las familias es poner la póliza a nombre del padre o de la madre, ante la posibilidad de tener que pagar mucho más por el seguro de coche del chico o la chica que acaba de estrenar su carnet de conducir y un automóvil.

Todo, para conseguir un ahorro que puede ser rentable mientras no se produzca un percance. Porque si el joven tiene un accidente, las cosas cambian.

Los inconvenientes entonces pueden ser más importantes que las ventajas. Vamos a ver por qué y qué alternativa creo que es la más razonable. Mi mejor opción.

El primer inconveniente es que todos los accidentes del joven conductor pasan a la historia de siniestros del titular de la póliza, el padre o la madre.

El chico o la chica se beneficia con unas cuotas más reducidas, que paga a papá o a mamá, pero a la larga, los accidentes gravan las cuotas futuras de su progenitor.

Al contrario, que el chico no figure como titular de la póliza del seguro del coche significa también que, si no se tiene accidentes, la bonificación pasa igualmente al historial de siniestralidad del padre o de la madre.

Si el joven no tiene seguro propio, cuando lo tome en el futuro, no podrá disfrutar de las bonificaciones que hubiera podido acumular.

Otra cuestión que se deriva de este uso peculiar de las pólizas de seguros es el inconveniente de que el joven tampoco cuente como conductor habitual del vehículo asegurado.

Si es así, la aseguradora puede perfectamente rechazar la protección de la póliza porque puede entender que la cobertura a esa persona no aparece en el contrato. Porque, veámoslo como lo veamos, se trata de un contrato.

Lo mejor que puede ocurrir en este caso es que la compañía aseguradora no indague. Bien porque le interese el cliente asegurado con ningún percance en su haber y que los daños sean materiales y de escasa cuantía.

En ese caso, la entidad aseguradora puede optar por pactar un pago proporcional de los gastos derivados por el accidente. El cliente titular de la póliza tendría así la opción de negociar.

La opción más razonable, desde mi punto de vista, es ir con la verdad por delante. Probar a acercarse a varias aseguradoras y comprobar, siempre con los números en la mano, cual es la que ofrece una tarifa más razonable por incluir al muchacho o a la muchacha, como conductor ocasional.

Las compañías aseguradoras conocen todas las triquiñuelas habidas y por haber, pero también son conscientes del valor de retener a un padre o a una madre como cliente asegurado y la posibilidad que se abre de que su hijo o hija también se unan a la compañía en el futuro con un seguro de coche propio.