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La ciencia de la administración empresarial en el nuevo orden




Ecología empresarial

La recesión acabará por diluir sus efectos sobre la economía, sobre las empresas y sobre la gente. De eso no tengo ninguna duda. Me acuerdo de la estrofa de aquella copla que decía ‘no hay mal que cien años dure’. Todo lo que nos rodea está sometido a ciclos y las crisis obedecen a los mismos procesos.

Pasará, aunque nos pongan la meta tan lejos, que nos dé la sensación de que media generación va a vivirla.

En medio de un cambiante espectáculo adivinatorio, no oigo, ni leo argumentos que me inviten a pensar cuando dejarán las empresas de sentir, exactamente cuando, todas las consecuencias de la crisis. Ahí, es donde se pierden los opinadores y gurús.

Si sé que la crisis tiene fecha de caducidad, pero no sé cuando se esfumará para la industria, para los negocios y para el consumo; sólo me queda prepararme para lo que ha de venir. Para el panorama en el que tendrán que desenvolverse las firmas en la década siguiente.

Eso sí que lo veo con toda claridad, porque se trata de redimir los ‘pecados’. De dar soluciones a los errores cometidos. Y sé cuáles fueron algunos de los fallos y sus consecuencias actuales.

El desarrollismo acelerado que provocaron los créditos baratos y la globalización de las medianas empresas han dejado sus infraestructuras muy desequilibradas, sorpredentemente mal interconectadas y deficientemente gestionadas.

Ahora, que se les pide más eficiencia, mayor rentabilidad, estructuras menos pesadas y funcionamientos más sencillos y operativos; falla la organización de todo el entramado recrecido al calor de los negocios de éxito.

Se trata de programas informáticos incompatibles entre sí, departamentos con menos personal que han de asumir una carga de trabajo igual o mayor, pero también organizaciones que han de adaptarse a la gestión online para hacerlas más baratas, competitivas y, sobre todo, para no perderlas.

Así, creo que el futuro de la gestión de las empresas va camino convertir la administración en una ciencia, que aporte equilibrio, racionalidad y soluciones al funcionamiento y funcionalidad de las empresas.

Sí, sé que la administración empresarial ya se considera una ciencia, pero de lo que hablo es de instalar una ciencia verdaderamente multidisciplinar que sirva para sus fines.

Una ciencia que, por ejemplo, reúna las aplicaciones del campo de la psicología, necesarias para mejorar el rendimiento laboral o las propias de una biología empresarial, donde se puedan unir ergonomía, pero también aquellas técnicas que hagan a las empresas más ecológicas en un mundo más limpio.

Un organismo vivo al que hay que cuidar. Todo bien programado y estructurado, para funcionar eficientemente.

Ahora, en la desorganización generada por la recesión, puede surgir el nuevo orden de la administración empresarial como ciencia total.


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