Estamos acostumbrados a ver en las noticias información sobre el precio del carburante, un precio que depende del coste que tenga el petróleo en cada momento, un producto que está sujeto a un alto y creciente nivel de volatilidad. Un informe de Crédito y Caución, dependiente de la evolución de la demanda, prevé que el precio del petróleo se debería situar en la banda de los 70 a 80 dólares durante 2019 y 2020, llegando a superar los 88 para el año 2025. Según el informe, «La tendencia subyacente de los precios es al alza debido a la creciente demanda de energía a medida que las economías emergentes continúen desarrollándose. Incluso si se persiguiese una transformación energética agresiva, que fomentase una mayor eficiencia energética y el suministro de recursos renovables, la demanda de petróleo crecería».

Volatilidad de precios elevada

Sin embargo, Crédito y Caución advierte que la volatilidad de los precios del crudo será alta, claramente superior a la prevista anteriormente. “El mercado se ha caracterizado durante mucho tiempo por las bajas elasticidades de precios tanto en el lado de la demanda como en el de la oferta, pero esto puede estar cambiando. Esto es especialmente cierto en lo que respecta a la oferta”, explica el informe. El creciente papel de los productores de petróleo de esquisto está modificando la capacidad de la OPEP para fijar los precios mundiales a través de restricciones de producción. Esto implica que los precios deberían ser más estables. “Sin embargo, no lo son”, afirma.

Son dos los elementos que están jugando un papel importante en la volatilidad, según la aseguradora. Por un lado nos encontramos el entorno geopolítico se ha vuelto más incierto desde que la Administración norteamericana ha optado por el enfoque de ‘América First’. En segundo lugar, el mercado del petróleo ha reducido considerablemente sus existencias. Anteriormente, la OPEP intentó expulsar del mercado a los productores estadounidenses de esquisto bajando los precios y empujando las existencias a niveles récord. Ahora, la restricción de la producción de la OPEP más Rusia, más las interrupciones del suministro en Venezuela, Libia y Angola, han reducido las existencias a 2.800 millones de barriles, muy por debajo del máximo de 3.100 millones de barriles alcanzado en 2016.