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Impuestos y mentalidad




500euros.jpgEn el batallar diario dentro del sandwich formado por los clientes y la Administración Tributaria, uno acaba resignándose a tener que luchar permanentemente en un doble sentido: convencer a los primeros para que cumplan en condiciones, tiempo y forma con sus obligaciones tributarias y, a su vez, permanecer alerta a los cambios normativos y de jurisprudencia que de manera constante emiten las autoridades fiscales.

La tarea es, a menudo, ardua y difícil porque existe cierta mentalidad en los ciudadanos tendente a escapar de Hacienda lo que no justifica, en ningún caso, la desconfianza con que se mueve la Agencia Tributaria con todos, seamos o no proclives a defraudar.

Y es que cada vez que surge alguna novedad legislativa, el primer impulso del contribuyente consiste en buscar la manera de eludirla cuando no incumplirla. Craso error porque lo que hace falta es invertir energía para optimizar, que no eliminar porque es imposible, nuestra factura fiscal a través de una adecuada gestión y no buscando las rendijas del sistema.

Por su parte, la Administración debe tratar al ciudadano como a un igual sino como al verdadero dueño de la misma al ser quienes sufragan, sufragamos, el mantenimiento de estas estructuras para que velen por nuestros intereses no para que persigan indiscriminadamente tanto a quienes se guardan 500 euros en el calcetín como a quien monta una red para no pagar millones en IVA, con la colaboración de otros “socios” europeos que también tienen mucho que callar.

Se trata, por tanto, de incidir en cuanto a lo que de mentalidad tiene en el ideario colectivo que no esté mal visto rascarle algo a Hacienda aunque ya esté lejos la época en que más de uno se jactaba de que no declaraba impuestos.

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Y no hay que rasgarse las vestiduras ni poner tanto el acento en lo que digan sindicatos de funcionarios directamente afectados. Posiblemente combinando la mano dura dirigida hacia los grandes defraudadores , en lo que mucho deben decir los trabajadores de Hacienda con más medios pero también trabajando más eficientemente, junto al guante de seda de hacer la administración más amigable hacia el común de los ciudadanos será como se consiga reducir ese “presunto” fraude de casi un billón de las antiguas pesetas.

Difícil porque la mentalidad es lo más complicado de cambiar.

Enlace: El Mundo.


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