Ya tenía ganas de contar con la opinión de Paul Krugman (1953) en este espacio dedicado a la economía y a las finanzas internacionales. Antes de entrar en harina y una vez disuelto el efecto pasional del clásico Barsa- Real Madrid, es de agradecidos felicitar al ganador y aplaudir el comportamiento de los protagonistas tanto en el campo de juego, como ante los medios de comunicación, esta actitud es la que no hay que perder nunca en el futuro. Por el bien del deporte en general y por el de los aficionados en particular. Una vez descargada toda la adrenalina en el campo de futbol nos debemos a la realidad social y económica que nos circunda, a ver de qué forma somos capaces de encajar todas las reformas estructurales que estamos obligados a respetar y cumplir estoicamente, por el futuro de nuestro país y de nuestros hijos. Que no vuelva a suceder este despropósito de los políticos y de otras instituciones cercanas a ellos. Que no vuelva a ocurrir jamás, ahora comprendo el porque de la insistencia de los alemanes en no querer alentar un crecimiento desmesurado de la inflación, todavía les queda en la memoria, y en la transmisión oral de padres a hijos acerca del fenómeno de la hiperinflación alemana durante los años veinte del pasado siglo.

Este razonamiento es el que tenemos que equilibrar con el de los efectos de una política de austeridad en el gasto público y privado en la economía, dice Krugman que “semejantes programas sumen a las economías deprimidas en una depresión aun más profunda. Y como los inversores miran el estado de la economía de un país a la hora de valorar su capacidad de pagar la deuda, los programas de austeridad ni siquiera han funcionado  como forma de reducir los costes de financiación.”Está claro que como buen keynesiano, no le causan ningún respeto académico los ajustes basados en el principio de austeridad, y tiene razón, pero será difícil incentivar el gasto cuando no hay dinero, las arcas del Estado y los bolsillos de los ciudadanos están vacios. De esta misma opinión es el prestigioso escritor de magnificas novela Javier Marías (1951), persona austera por excelencia, aun así se hacia la reflexión diciendo que “con el pesimismo a ultranza se logra que nos encojamos todos, hasta los que aun no nos hemos visto afectados en exceso. Si quienes todavía tenemos dinero en el bolsillo nos damos media vuelta y nos vamos de las tiendas y de los restaurantes sin sacar un solo euro, ¿Quién demonios lo sacará, santo cielo?

Termino con un breve apunte procedente del ministro de Finanzas alemán Wolfang Schäuble (1942), el poderoso brazo de la señora Merkel, dicen que controla nuestra economía, algunos lo califican con ironía como “el ministro numero catorce del gobierno de Rajoy”, dice que, vamos en la buena dirección. Unas finanzas sostenibles son la precondición necesaria para un crecimiento sostenible. Hay que reequilibrar. Nosotros lo hicimos en Alemania y ahora les toca a ustedes.