Presumo que durante las próximas semanas vamos a disponer de un enorme caudal informativo de noticias relacionadas con la ciencia lúgubre, como la definió el escritor Thomas Carlyle, con la economía política y, cómo no, con las medidas y herramientas de política económica recientemente decretadas por el gobierno de Rajoy, gobierno al que le ha tocado bailar con la más fea. Ahora es cuando de verdad son necesarios auténticos estadistas, políticos de rancio abolengo, con maneras, con astucia diplomática, han de ser capaces de gestionar una situación llena de dificultades y con escaso margen de maniobra, pero no nos queda otra que apechugar y rezar mucho para evitar un rescate por los observadores de Bruselas y Berlín.

Como resultado de esta recesiva situación el dinero, se ha convertido en un bien escaso y, por lo tanto, cada vez más caro. Se han terminado esas colas bancarias para solicitar el clásico préstamo hipotecario o un crédito personal para una reforma de nuestra vivienda o la adquisición de un vehículo nuevo. Eso sí, con garantías y avales muy por encima del valor delo solicitado si se podría valorar la propuesta por el comité de riesgos de la entidad bancaria. Ahora lo que persiguen los bancos es reforzar su liquidez  mediante la oferta de depósitos muy rentables. Por el momento, ante una propuesta de inversión, deberemos ser muy cautos, muy prudentes, analizar con la cabeza fría donde colocamos nuestro dinero, no es momento de asumir riesgos innecesarios. En cuanto  al posibilidad de entrar en bolsa, cuidado, por supuesto hacerlo cuando se encuentre baja y con expectativas de subir a medio plazo, siempre asesorado por un buen analista de inversiones de extrema confianza, que nos oriente y nos elabore una cartera muy diversificada , sobre todo invertir un capital que realmente no lo vayamos a necesitar a corto plazo, entrar en bolsa no significa actuar como si fuéramos una noche al casino, es un planteamiento de inversión a mayor plazo y con mucho conocimiento tanto del funcionamiento de la bolsa como mercado de ahorro y de inversión así como de la evolución de situación económica de nuestro país y del entorno. Como opina el analista Oriol Amat, “en realidad a medida que los precios suben más allá de lo razonable es cuando hay que salir de bolsa. Una frase que debería aplicarse en el mundo de la bolsa es “el último euro que lo gane otro”.

En estrecha relación con lo dicho hasta ahora y también recabando otra opinión de un prestigioso economista norteamericano, Kenneth S. Rogoff, en un reciente y magnífico libro titulado “Esta vez es distinto: Ocho siglos de necedad financiera”, considera que “no es una novedad que el precio de las acciones y la proyección de la actividad económica mantengan u estrecho vinculo”. La literatura sobre los ciclos económicos que se estudiaba hasta hace bien pocos, daban cuenta del precio de las acciones como un indicador decisivo. Por ello les aconsejo que con cierta frecuencia miren la evolución de nuestro carismático IBEX 35 o el imprescindible índice Dow Jones para tener una sabia opinión sobre el fenómeno de la Bolsa de Valores y así, poder predecir el futuro económico inmediato.